«Cita a ciegas» Capítulo 2

Buenos días! Aquí os dejo el segundo capítulo de «Cita a ciegas»

Espero que lo disfrutéis.

¿Te perdiste el primer capítulo? Puedes leerlo aquí

7.3.3-1024x320

Capítulo 2

Unas dos semanas más tarde aproximadamente, llegó el día de la primera cita. No, a ninguna se les olvidó que había aceptado y por «suerte», cada una encontró a mi acompañante ideal, según ellas claro.

La primera, me la organizó Laura, quien está felizmente casada y aunque el chico era amable, se asemejaba más a su tipo que al mío. Estoy segura que lo eligió porque le gustaba a ella, era como un clon de su marido; nada apetecible y aburrido. Se pasó toda la noche hablando de la excelente pareja que hacían nuestros amigos; los celestinos, de la maravillosa vida de casados y de su permanente intento por encontrar esposa. Fue una cita eterna y excesivamente tediosa. Parecía querer convencerme de las ventajas del matrimonio, haciendo una exposición de los requisitos que debía cumplir su futura esposa a través de la descripción detallada de los motivos que le llevaron a dejar a sus anteriores novias. ¿En serio? ¿De verdad iba hacerme creer que había sido él quién las había dejado…? Lo dudo mucho, seguramente todas se aburrieron de él. Pobre… me da cierta pena que confíe en el matrimonio como la “solución a todo”. Me dieron ganas de decírselo y hacerle ver que debía vivir su vida sin esperar a que llegara “esa chica”. Si tenía que llegar, lo haría… pero me disuadí a mí misma porque quizás le quitaría la ilusión de lo único en lo que creía y además no quería ser como mis amigas e imponerle nada que no quisiera. Así que me marché a casa y tumbada sobre el sofá y copa de vino en mano, pensé en la cantidad de personas que se pasan la vida esperando que aparezca la pareja perfecta. Y lo peor no es eso, si no que mientras tanto se pierden todo lo que ocurre a su alrededor. El problema es que no queremos estar solos y si no encontramos lo que queremos, o lo que creemos que queremos, acabamos conformándonos con lo más cercano a esa idea que tenemos en la cabeza e incluso a veces, elegimos todo lo contrario…

Sé que yo también tengo mi propio arquetipo y que tengo en mi mente una imagen tan detallada y estricta que es normal que nadie a quién conozca “encaje” en dicho “modelo”. Pero creo que la diferencia en mi caso, es que a mí no me importa quedarme soltera. Sí, exijo mucho y cualidades muy complicadas pero es lo que realmente quiero en mi vida y si no lo encuentro prefiero quedarme sola y aprender a estar conmigo misma, antes que conformarme con algo que no me haga verdaderamente feliz. ¿Me estoy equivocando? Puede ser… pero es mi decisión y solo yo puedo cambiarla.
Una vez la copa terminada y la reflexión de la noche suspendida en el aire de mi casa, decidí irme a la cama a descansar y si me era posible, soñar.

La semana pasó rápido y antes de que pudiera darme cuenta llegó el turno de la siguiente cita, para la que no estaba preparada “emocionalmente” después de la horrible primera cita. No estaba de humor ni era mi mejor día en cuanto a nivel de paciencia y tolerancia pero como di mi palabra y no me apetecía oír a mis amigas, decidí ir. Solo esperaba que acabase pronto, o al menos, que fuese soportable.

La segunda, me la organizó mi amiga más maternal, y me apuesto lo que sea a que eligió a mi acompañante precipitadamente, sin apenas tiempo de hacer un barrido por sus conocidos disponibles y el primero que se le ocurrió entre toma y toma de pecho, fue al que invitó. Ese ni siquiera fue amable y me marché del restaurante antes del segundo plato. Tuve que ponerle una excusa improvisada sobre el trabajo para poder marcharme antes de que me muriera de espanto sobre el estofado. Éste, al contrario que el anterior, se empeñó en criticar y repudiar el matrimonio pero lo hacía de manera grotesca y muy forzada. Supuse que mi amiga le habría advertido de mi ideología y creencias, por lo que se esforzó en simular su repugnancia hacia la clase de vida tradicional. Como actor era pésimo y valoré su esfuerzo, de verdad que lo hice pero cuando empezó a resultarme grosero tuve que marcharme o acabaría la escena con un discurso nada apropiado. Es verdad que mi predisposición ante dicho encuentro no era el más favorable y asumo mi culpa pero no por esa razón iba a quedarme.

La tercera cita, ya sabéis que me la organizó la futura novia. Era un dependiente de la tienda donde se había comprado su caro y elegante vestido. Esta vez debo reconocer que era guapo, muy sexy y encantador pero cometió el terrible fallo de pasarse toda la cena hablando sobre su trabajo y claro, trabaja en una tienda de novias… No creo que se diera cuenta de que no era el tema más idóneo para caldear el ambiente, y cuando me preguntó si me había planteado casarme alguna vez, tuve que reírme y explicarle mis ideas (de manera superficial, no iba a entrar en detalles con él y en ese momento). Por su expresión supe que no terminaba de entenderme y creí que lo mejor era pedir el postre y salir lo más rápido posible del restaurante. Una lástima, porque el chico tenía posibilidades aunque quizás sólo para el sexo.

Debo decir que esa cita me costó una buena discusión con Sofía, quién la organizó. Según ella, no comprende la razón por la que salí corriendo espantada y cree que juzgué precipitadamente al chico. Me dijo que sin darle oportunidad para opinar, imaginé lo que debía pensar de mí y antes de dejarle hablar, me largué. Su resumen fue que como creo que todo el mundo me critica y me juzga por mi forma de pensar, voy atacando a todo aquel que yo considero que me va a juzgar, o se va a reír o simplemente no me va a entender. Vamos, que me defiendo atacando, antes de que me ataquen. Y no sabéis cómo se enfadó y empezó a darme un discurso de lo ciega que estoy y de lo sola que me voy a quedar… Buah!!! No entiendo por qué se puso así. Pareció más ofendida que el propio chico… Además, el simple hecho de que no me guste o no me apetezca continuar ya me “permite” marcharme, ¿no? o ¿a qué tengo que esperar?…

En fin, que ya sabía yo que esto de las citas iba a llegar a mal puerto… pero vamos que si se va a enfadar tanto, yo estoy dispuesta a llamar al chico y no sé oye… podría proponerle una aventura sexual… Yo creo que para eso sí podríamos congeniar. No… es broma… no voy a llamarle… Pensaría que soy una desesperada… y no es para tanto.

Menos mal que la siguiente y última obligada cita sería con la persona que yo eligiera. De buena gana, hubiese invitado a alguna compañera o compañero de trabajo. Total, quién se iba a enterar de que había hecho trampas… pero vista la bronca que me gané de Sofía, mejor me buscaba a alguien y así acababa con todo esto cuanto antes. Al menos que no puedan decir que no lo he intentado. Lo que no sabía en ese momento era cómo iba a encontrar al “afortunado” en una semana… Bueno, usaría mis métodos de seducción con algún chico que me sonriese en la cafetería o algo así… Ya vería pero no creí que fuese tan complicado.

Continuará…

¿Te ha gustado el segundo capítulo? ¿Qué piensas sobre Silvia? ¿Crees que Sofía tiene razón? Me encantaría saber tu opinión.

El próximo martes, el desenlace.

¡No os lo perdáis!

3 comentarios en “«Cita a ciegas» Capítulo 2

Deja un comentario

Responsable » Mar Suárez Redondo.
Finalidad » Enviarte nuevos contenidos.
Legitimación » Tu consentimiento.
Destinatarios » Los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores de Webempresa (proveedor de hosting de marsuarezredondo.com) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Webempresa. (https://www.webempresa.com/aviso-legal.html).
Derechos » Podrás ejercer tus derechos, entre otros, a acceder, rectificar, limitar y suprimir tus datos.

A %d blogueros les gusta esto: