«Los visitantes del faro» Capítulo 5

¡Buenos días! ¿Qué tal habéis comenzado esta Semana Santa? Espero que la inestabilidad meteorológica no os impida disfrutar de vuestros planes para estos días.

Hoy, os traigo otro capítulo de la novela corta «Los visitantes del faro». El final comienza a acercarse…

Aviso: no apto para menores.

¿Te has perdido algún capítulo anterior? Puedes leerlos todos pinchando sobre los siguientes enlaces  Novela corta: “Los visitantes del faro”. “Los visitantes del faro” Capítulo 2. “Los visitantes del faro” Capítulo 3 “Los visitantes del faro” Capítulo 4

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Capítulo 5

El resto del día transcurre con cierta normalidad, aunque flota a nuestro alrededor un clima de tensión que nos mantiene a ambos en un estado de alerta casi constante, en especial a mí.

Intento pasar gran parte del día en mi habitación, fingiendo que escribo para evitar permanecer en la misma estancia que él. En realidad, me siento delante del ordenador encendido pero no escribo nada. El folio que aparece en la pantalla continúa vacío, con el cursor parpadeando, como si quisiera llamar mi atención pero no consigo pulsar ninguna letra. Mi mente solo puede pensar en todo lo que me ha contado Alberto esta mañana. Reflexiono sobre ese club del que me ha hablado e intento analizar los motivos que llevan a los miembros a participar en algo así y cómo serán sus personalidades.

Me digo a mí misma que sólo intento comprender la situación al completo para poder inspirarme e intentar escribir sobre ello. Si consigo contextualizar esas fantasías y añadir algún giro inesperado que dé intriga a la trama, podría conseguir una buena novela. Pasión, intriga, personajes distintos e interesantes… Incluso podría usar el accidente de Alberto como el acontecimiento que lo cambia todo y provoca misterio en la trama. Si fuese capaz de pensar con claridad y dejar a un lado las emociones que han parecido en mi interior, posiblemente lograría escribir más de un párrafo sin la necesidad de borrarlo antes de siquiera haberlo acabado aunque eso me parece imposible en este momento.

Me limito a salir de mi habitación para ir al baño o a la cocina y aprovecho esas ocasiones para acercarme hasta él a preguntarle cómo se encuentra o si necesita algo. Le ayudo varias veces a ponerse en pie para que pueda ir a asearse aunque insiste en intentar caminar por sí mismo y valorar el daño ocasionado en la pierna.   A pesar de mantenerse relativamente bien en pie, le resulta doloroso apoyar el pie y cargar peso en la pierna herida, así que no le queda más que aceptar mi ayuda a falta de muletas en las que apoyarse.

Cuando nos tocamos, siento una especie de descarga eléctrica atravesando mi piel. El vello se eriza ante el roce y mi corazón se acelera, nervioso. Aunque su ropa aún no está seca debido a la humedad del temporal que aún nos azota, le he prestado mi albornoz de ducha para que pueda cubrirse y sentirse algo más cálido. La tela que cubre su piel a medias, no evita que me sienta ruborizada e imagine lo fácil que sería despojarlo de ella con tan solo desanudar el cinturón que mantiene cerrado el albornoz en torno a su cuerpo. Él parece muy cómodo y relajado. No creo que sienta la misma vibración que a mí me recorre desde los pies a la cabeza. Aparenta calma y cierta indiferencia tras haber zanjado el tema de  conversación de esta mañana.

Ahora, las escasas conversaciones que mantenemos se centran en temas banales, mostrándose interesado por mi trabajo como escritora. No sé si realmente siente curiosidad o solo es una forma de relajar el ambiente pero indistintamente, termina consiguiendo que me sienta más cómoda y afloje la tensión de mi cuerpo.

Durante la cena se me ocurre, que tal vez, el resto de visitantes o los miembros del club decidan volver esta noche a por más excitación o incluso decidan venir a buscar a Alberto. Decido comentarlo con él y así romper el silencio que se ha formado durante la cena.

—He estado pensando que quizás, los demás participantes vengan esta noche. Puede que buscándote —sugiero, levantando la mirada del plato para dirigirla hacia él.

—No lo creo —a pesar de su rápida negativa, se queda pensativo.

—Yo no estaría tan segura. Puede que ayer te dejaran aquí por alguna razón de peso y hoy vengan a buscarte o no sé… simplemente crean que volviste por ti mismo y acudan a tener más encuentros… Vale que la tormenta continúa pero eso no os lo impidió ayer.

Me mira en silencio, pensativo mientras mastica muy despacio un trozo de pan.

—Normalmente, una noche de tormenta no solemos reunirnos en sitios al aire libre y mucho menos teniendo que coger una barca… Ayer, cuando decidimos venir, el tiempo aún estaba en calma y según la previsión el temporal ya debía haber remitido. Se suponía que llegaríamos sin tener que hacer frente al mal tiempo y que éste nos pillaría ya una vez en la playa. Para el regreso pensamos en posponerlo si veíamos que se complicaba… No sé por qué volvieron con el tiempo que hacía. Espero que no les haya pasado nada.

—Bueno, la cuestión es que te dejaron aquí… Imagino que alguien debió echarte de menos al regreso… No entiendo tanta prisa por volver, si pensabais que estabais solos aquí… ¿Para qué arriesgarte subiéndote a una barca con el mar embravecido? Ni siquiera, sabiendo que  no estabais solos…

—Yo tampoco lo entiendo. El plan era volver por la mañana si era necesario… No sé qué pasaría… Pero solo hay una forma para intentar averiguarlo —se interrumpe, esperando que yo intuya lo que está pensando. Le respondo con la mirada, haciéndole saber que yo estaba pensando exactamente lo mismo—. Bien, entonces iremos a mirar. Esta noche vigilarás acompañada…

Una vez acabada la cena, le ayudo a subir por las escaleras de caracol hasta mi habitación, desde donde tenemos una visión mucho más amplia de toda la playa. Nos acomodamos sobre el banco que está bajo la gran ventana y nos disponemos a esperar que algo ocurra.

Pasan los minutos mientras nos vamos turnando el único prismático que tengo, sin ver nada llamativo a través de él. La noche no está tan oscura como ayer y aunque sigue lloviendo y hace bastante viento, hay algo más de claridad gracias a la tenue luz de la luna que se asoma intermitentemente entre las nubes tormentosas.

De pronto, Alberto interrumpe el silencio, describiendo lo que ve a través de las lentes.

—Un momento… Parece que tenemos visita… Ha llegado una barca con dos personas —intenta regular el ángulo de visión para poder ver con más exactitud—. Creo que son Ángela y Luis…

—¿Puedes reconocerlos? —permanezco en silencio unos segundos y observo su expresión de desconcierto— Por cierto, ¿Usáis vuestros nombres e identidad real?

—Eso depende de cada uno. Hay gente que usa su nombre real y otros no. ¿Pero qué hacen?

—¿Qué ocurre? Déjame ver…

Guarda silencio durante todo el tiempo que permanece intentando descifrar lo que está viendo. Yo, comienzo a estar ansiosa por saber lo que está pasando. Le quito de las manos el prismático, ya que él ni habla ni me los devuelve, así que simplemente los tomo y busco en dirección al ángulo en el que él observaba.

Veo a una pareja de pie cerca de la orilla, discutiendo. Parecen muy agitados y enfadados. Discuten gesticulando mucho con las manos y ella parece mucho más irritada. No deja de mirar a su alrededor como si estuviese buscando algo… o a alguien. Él intenta calmarla acercándose a ella y usando sus manos para sosegar su cuerpo inquieto pero ésta parece realmente afectada y le cuesta tranquilizarse. Al mismo tiempo que voy observando, le describo a Alberto todo lo que está ocurriendo, añadiendo alguna impresión personal.

—Diría que han venido a buscarte y ella se ha disgustado bastante cuando no te ha visto. Creo que han discutido, seguramente por algo que está relacionado contigo y ella se ha puesto bastante mal. Él parece más tranquilo e intenta calmarla a ella aunque le está costando. Se están poniendo empapados de agua… No veo a nadie más, creo que han venido solos.

—Son con los que estuve anoche. En un principio, comenzamos Ángela y yo pero más tarde se unieron a nosotros Luis y Marta. Estuvimos jugando un rato los cuatro y Marta se fue rápido, dejándonos a los tres solos. No sé por qué se iría… Eso lo recuerdo perfectamente. Terminamos los tres juntos y… luego me desperté aquí —lo escucho mientras sigo mirando a través de las lentes. No creo que le guste en lo que está derivando la discusión. O sí, no lo sé.

—Pues han venido a buscarte o a asegurarse de que no estás… A saber… —lo miro un instante, encogiéndome de hombros— Lo que está claro es que han venido solo dos y creo que van a aprovechar la escapada…

—¿Están…? ¿Así piensan buscarme? Serán… —se guarda el insulto para sí mismo.

—Él la ha abrazado con fuerza para que dejara de temblar e intentar apaciguar sus nervios, por lo que he podido ver… y al separarse se han besado. Lo demás te lo puedes imaginar ya que tú… bueno… ya sabes… Han corrido hacia las rocas, supongo que para esconderse entre ellas, aunque no sé muy bien de qué pretenden esconderse…

Continúo mirando por el prismático. Se han alejado ligeramente y ahora me cuesta un poco más divisar con claridad todo lo que está pasando. Además, los momentos de luz son escasos y al estar tumbados en el suelo, me cuesta más distinguir sus movimientos. Lo que sí está claro es que están haciendo las paces. No le describo nada más por el momento, me limito a mirar y él tampoco me pide que lo narre. Aunque no le estoy mirando en este momento, intuyo que intenta recordar o está pensando en los motivos que les ha llevado a volver esta noche los dos solos.

—¿Te gusta lo que ves? En mi opinión, no deducirás mucho del accidente mientras los ves tener sexo —interrumpe mi vigilancia, haciendo que me ruborice de nuevo y me sienta descubierta— Si quieres puedo demostrarte personalmente lo que están haciendo… Como parte de la investigación…

Comienza a deslizarse por el banco para eliminar la escasa distancia que nos separa. Con la pierna herida hace una barrera junto a mi cuerpo para que no pueda escaparme fácilmente, atrapándome entre la ventana y su pierna magullada. Sus manos, se aproximan a mis muslos y ascienden lentamente hasta llegar a mi cadera. Yo, trago saliva con dificultad y me quedo paralizada. Quisiera frenarlo y rechazarlo pero mi cuerpo me desobedece, respondiendo ante sus estímulos. Me siento demasiado excitada como para detenerlo. Le permito hacer lo que quiere… dejándome llevar por sus cálidas y fuertes manos.

Me impulsa hacia él sosteniéndome por la cadera. Coloca cada una de mis piernas a su alrededor, haciendo que ejerza ligera presión con ellas para sujetarme a su cuerpo. En cada movimiento usa sus manos concienzudamente, atravesando la tela de mis pantalones con el calor de la fricción. Asciende por mi cuerpo y las introduce bajo mi camisa, acariciando directamente mi piel, que responde erizando el fino vello que la cubre. Yo me siento perdida y mi mente ha dejado de resistirse. Él parece satisfecho con la respuesta  de mi cuerpo, que ansioso, comienza a vibrar bajo sus expertas manos.

Se deshace de mi camisa y fija sus ojos en mi pecho, devorando con su mirada mis senos semicubiertos. Posa sus labios húmedos sobre mí y recorre con ellos cada centímetro de mi piel desnuda. Inclino el cuello hacia atrás y se lo ofrezco, rendida ante el deseo. Me acerca aún más a su cuerpo y me alza ligeramente sobre él, quedando sentada sobre sus piernas. Abraza mi espalda con sus brazos y esconde su cabeza en mi cuello, besándolo mientras se deshace de la tela que cubre mis pechos. Yo, que ya estoy totalmente perdida, introduzco mis manos bajo el albornoz y acaricio sus pectorales, sus hombros, brazos y antebrazos… aprovechando cada movimiento para deslizar el albornoz por su espalda y dejarlo desnudo ante mí. Puedo sentir su erección oprimida bajo mi pantalón, ansiosa de ser liberada. Me balanceo sobre ella para seguir sintiéndola crecer bajo mi contoneo.

Nos besamos apasionadamente. Unimos nuestras lenguas, saboreamos nuestra piel… Nos despojamos del resto de la ropa que nos separa y como si estuviéramos hechos el uno para el otro, encajamos a la perfección en la primera acometida. Mi hendidura la acoge abrazándola y ésta responde vibrando en mi interior. Entra y sale rítmicamente en un vaivén pasional y desenfrenado. No es dulce, ni suave o lento… Nos envolvemos abrazados, devorándonos mutuamente con nuestros labios como si no hubiese un mañana, ansiosos por probar cada centímetro de nuestro cuerpo. Mientras él guía su erección en mi interior, presionando todo cuanto puede e intentando llegar lo más profundo posible, yo me abro como si fuese una flor, húmeda y cálida por el calor que se funde entre nosotros. Le permito entrar todo lo que desea y me deshago de placer bajo su mando. Siento recorrer por cada nervio de mi cuerpo, una descarga de energía que me hace vibrar de gozo y suplicar aún más profundidad. Deseo estar completamente unida a él y el placer es tan inmenso que a pesar de sentirla completamente erguida en mi interior, ansío llenar todo mi interior con la dureza de su deseo. Responde a mi petición, con más fuerza en cada envite  hasta que ambos nos fundimos en un orgasmo intenso y profundo que desgarra mis gemidos al salir de mi garganta. Aún agitados, continuamos ejerciendo ligera presión sobre el otro, con un ligero contoneo que prolonga la duración del orgasmo.

Mantenemos la mirada fija en el otro, mientras recuperamos el aliento y sonreímos satisfechos. No intercambiamos palabras. Acaricio mis labios hinchados con la lengua en un intento de calmar la irritación y él, ante mi gesto, se lanza sobre ellos y comienza a besarlos de nuevo.

No volvemos a vigilar en toda la noche. Nos dedicamos a sumergirnos en nuestro propio disfrute. Pasamos el resto de la velada entre las sábanas de mi cama, practicando distintas fantasías que me ayuden a entender las motivaciones que llevan a los miembros a participar en un club como el descrito por Alberto.

Admito, que no se trata exactamente de eso y que más bien lo hago por mi propio goce pero reconozco que ayuda, y mucho, a ponerse en el lugar del personaje…

Continuará…

© Todos los derechos reservados.

¿Queréis saber cómo continúa la historia? ¡No os perdáis el siguiente capítulo!

Nos vemos a la vuelta de Semana Santa. ¡Disfrutad!

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