«Los visitantes del faro» Capítulo 6

¡Buenos días! ¡Ya estamos de vuelta de estas mini vacaciones! ¿Qué tal lo habéis pasado?  Yo he aprovechado estos días para descansar en la sierra Malagueña. Nada mejor que el sonido de la naturaleza para desconectar…

Hoy, como ya sabéis, os traigo un nuevo capítulo de «Los visitantes del faro». ¿Preparados?

Si os habéis perdido algún capítulo, podéis leerlos pinchando en el enlace correspondiente: Novela corta: “Los visitantes del faro”. “Los visitantes del faro” Capítulo 2. “Los visitantes del faro” Capítulo 3 “Los visitantes del faro” Capítulo 4 “Los visitantes del faro” Capítulo 5

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Capítulo 6

A la mañana siguiente, tras haber pasado toda la noche enredados bajo las sábanas, no hallo culpa ni vergüenza entre los sentimientos con los que despierto. Curiosamente, no me siento como cabría esperar de mí ante un suceso así, más bien, todo lo contrario. No quiero huir ni que él se marche. No siento incomodidad ni tensión por haber dormido desnuda junto a un desconocido… No se trata de la típica noche en la que bebes más de la cuenta y terminas acostándote con “cualquiera” y arrepintiéndote en cuanto estás despierta y eres consciente de tus actos. Esto, es totalmente diferente. He sido consciente de todos y cada uno de los orgasmos que he disfrutado… y no estoy para nada arrepentida ni me lamento reprochándome cómo he podido ser tan estúpida. Sólo puedo dibujar una gran sonrisa en mi cara y desear que él quiera repetirlo tanto como yo, a pesar de estar completamente satisfecha.

Anoche me sentí más sexy y deseada que nunca. Atrevida y erótica… Disfruté con cada caricia, cada roce de nuestra piel… Fue tan perfecto que casi me parece increíble haberlo hecho. Nos compenetramos de una forma única, como si estuviésemos hechos el uno para el otro. Cada unión, cada contacto de piel contra piel fue sublime… Inigualable… Sólo puedo desear estar con él tanto como sea posible… Seguir experimentando, conociéndome, recibiendo y dando placer… No importa la cantidad de orgasmos que haya tenido o el disfrute sentido, después de gozar como lo hicimos anoche, no puedo más que pensar en repetirlo.

Sólo me planteo por un momento si habré estado a la altura, dada su gran experiencia en el asunto. Quizás haya sido demasiado “tradicional” o “normal” para él, aunque para mí fue auténtico y muy pasional… Entonces, su mano comienza a deslizarse alrededor de mi ombligo, haciendo círculos en torno a él mientras me acaricia sensualmente con las yemas de sus dedos. Mi cuerpo responde enseguida, ansioso por saborearlo de nuevo mientras él se acerca a mí y con la cabeza hundida en mi cuello, me aprieta tanto como puede contra él. En ese momento, comprendo que él está igualmente impaciente y que su deseo sigue tan vivo como al principio. Mis dudas quedan resueltas y me olvido de cualquier pensamiento, dejándome llevar de nuevo hacia la pasión y el regocijo.

Y así continuamos durante los tres días siguientes, dedicados completamente el uno al otro. Nuestra tarea más importante es seguir experimentando y conociéndonos profundamente…

Apenas paramos para comer y ya no nos preocupa si alguien decide venir cada noche. Estamos inmersos en nuestro propio encuentro. Incluso nuestras conversaciones se ciñen al sexo. De pronto, quiero saber más… Conocer los detalles de ese club del que me ha hablado, saber qué fantasías se satisfacen y cuáles son las más reclamadas… Quiero saber cuáles son las suyas pero sé que eso llevará a hablar de las mías y aunque él intenta que se las desvele en más de una ocasión, consigo librarme centrándome en hacer tangible la que está sucediendo en ese mismo instante. Con besos y caricias esquivo sus preguntas aunque algo me dice que él ya sabe que en estos días hemos cumplido algunas de las mías…

Sobre la mesa del comedor, en el suelo frente a la chimenea, en la cama, en el sofá… No importa el sitio. Nos dejamos llevar allá dónde surge la ocasión, sin reprimirnos. Cada encuentro es distinto y en todos disfruto como si fuera la primera vez que nos unimos. Después de cada contacto, cierro los ojos y me concentro en el sonido de la lluvia golpeando contra las ventanas y el tejado del faro, agradecida porque el temporal está durando mucho más de lo esperado.

Sus heridas, han ido mejorando con el paso de los días aunque la pierna continúa dolorida. Evita apoyarla en el suelo y la coloca siempre adecuadamente para que no entorpezca nuestra desenfrenada pasión ni le cause más molestias. A veces me preocupa no estar dándole la atención sanitaria que necesita pero él parece poco preocupado y hace hincapié constantemente en cómo va mejorando.

Respecto a las causas del accidente, aún no hemos descubierto nada aunque tampoco hemos intentado averiguarlo y él parece seguir sin recodarlo. Desde la primera noche que compartimos no hemos vuelto a mirar a través de los prismáticos para saber qué ocurre al otro lado de la ventana. Estamos más interesados en seguir jugando bajo las sábanas.

Dormimos juntos en mi cama aunque no pasamos la noche abrazados ni nos decimos promesas al oído. Cuando queremos descansar y el sueño nos vence, yo me giro hacia un lado y dejo mi espalda como límite entre ambos. Una forma de mantener cierta distancia y separar la sexualidad de la intimidad.

No he intentado escribir de nuevo, ni siquiera he pensado en ello. Me he tomado unos días de descanso para “airear” la mente y estar más concentrada la próxima vez que me siente ante el ordenador. Digamos, que es el periodo de recabar información y contextualizar la novela. Es un proceso que hay que llevar a cabo siempre y aunque a veces no es el más divertido, en esta ocasión sí lo está siendo y voy a intentar extenderlo en el tiempo todo lo que pueda. Aunque sé que llegará el momento de despedirse y tendré que sentarme a escribir una buena historia que cautive a los lectores.

El cuarto día, amanece con un sol radiante que se esconde intermitentemente entre esponjosas nubes blancas. La tormenta ha comenzado a disiparse, dejando tras su paso un resto de nubes blancas que pintan el cielo de figuras de algodón. El sol, se asoma a veces entre ellas, recordándonos que ha llegado el momento que supuestamente esperábamos. Aunque se agradece su luz y calor, ambos preferíamos el ambiente lluvioso y tormentoso para vivir nuestra pequeña historia de pasión. Los relámpagos, el viento y el sonido de las gotas de lluvia siempre ambientan mejor las noches de lujuria entre las sábanas y los días de deseo frente a las llamas de la chimenea. Pero sabíamos que en algún momento iba a suceder, no podía seguir lloviendo eternamente.

Aunque ambos intentamos actuar como los días anteriores, se aprecia en el ambiente que el momento de la despedida ha llegado. Simulamos que todo sigue igual y seguimos repartiendo nuestra pasión por todo el faro pero los rayos de sol atravesando las ventanas, se empeñan en recordarnos que estamos alargando una aventura que ya debía haber terminado. No puedo soportar la presión y decido tomar las riendas.

—Deberíamos ir a un hospital o a cualquier sitio dónde un médico pueda verte la pierna —me atrevo a romper el silencio mientras cenamos.

—Sí, deberíamos aunque aquí estamos bien… —me sonríe divertido.

—Ya… pero no puedes seguir escondiéndote aquí…

—Tú lo haces…

—No, yo estoy aquí para escribir pero tú ibas a quedarte sólo hasta que el tiempo mejorase ¿Recuerdas?

—No demasiado… Ya sabes… el golpe y eso…

Ambos reímos. Yo soy la primera interesada en que no se marche, deseo seguir experimentando pero no quiero que esto se convierta en lo que no es y además tengo que sentarme a escribir antes de que me llame mi editor y se ponga como loco por no tener nada aún para enseñarle.

—Hablo en serio. Debes dejar que te revisen la pierna, no sabemos si tienes algo importante.

—No lo creo. En ese caso estaría muriéndome de dolor y dudo que hubiese podido hacer contigo todo lo que he hecho…

Solo oírle referirse a nosotros practicando el mejor sexo que he tenido en la vida, me hace palpitar de deseo. Lo miro en silencio y le sonrío pícara. Él entiende enseguida lo que le estoy pidiendo.

—Podríamos ir mañana, ya es demasiado tarde —intento resolver el problema, dándonos una noche más como despedida.

—De acuerdo. Será mejor que no perdamos el tiempo. Aún tenemos mucho que descubrir…

Me levanto rápidamente de la silla y me dirijo a él para prestarle apoyo aunque me lo impide tirando de mí para que me siente sobre sus rodillas. No quiero hacerle daño y evito cargar mi peso en la pierna herida pero él coloca un cojín sobre ella para que éste amortigüe mi peso.

Paso mis manos por su nuca y comienzo a deslizarlas por detrás de sus orejas, acariciando sus lóbulos mientras observo su expresión de anhelo. Muerdo mi labio inferior y respiro profundamente intentando contener la excitación que me provoca anticipar todo lo que está por acontecer. Enredo mis manos en su corto pelo y tiro suavemente hacia atrás, dejando su cuello dispuesto para que lo bese.

Paso mis labios desde su mandíbula hasta la clavícula, rozándolos suavemente, de manera muy sensual… Insinuándome… Mis manos descienden por su pecho y presiono ligeramente contra su abdomen para que sienta el calor de mis manos en su piel. Agarro la camiseta por el borde inferior y tiro de ella, dejando su pecho desnudo para mí. Él, presiona mi cadera con sus fuertes manos y las introduce bajo mi camisa hasta llegar a la tela que cubre mis pechos, deshaciéndose del sujetador rápidamente en un solo movimiento de sus dedos.  Ambos suspiramos de placer, ansiando el contacto completo. Comienza a desabrochar los botones de mi vaquero mientras nos besamos pasionalmente. Su lengua baila en mi boca con absoluta soltura, recorriendo cada ángulo de sabor y lujuria. Mi deseo arde bajo mi piel y mi estómago se contrae ante la vibración de mi cuerpo… Alzo el trasero para que pueda liberarme del pantalón pero entonces un ruido nos interrumpe y nos hace detener el siguiente movimiento. Nos miramos un instante, aún semidesnudos, esperando averiguar si realmente ha ocurrido.

El timbre vuelve a sonar, esta vez, insistentemente y rápidamente me levanto de sus rodillas. Le devuelvo su camiseta para que se la ponga y termino de vestirme, intentando alisar mi pelo y aparentar absoluta normalidad. Aunque él permanece sentado en la silla, puede ver la puerta desde su sitio girando levemente la cabeza.

Acudo a comprobar quién llama a la puerta sorprendida por tal interrupción, dado que nadie, excepto mi hermano, viene nunca a visitarme. Ni siquiera saben dónde estoy o si alguien ocupa este antiguo faro. Solo mi hermano viene a verme y cuando yo se lo pido y no es ésta esa ocasión. Empiezo a preocuparme por quién pueda estar al otro lado pero solo hay una forma de comprobarlo… Antes de hacerlo, giro la cabeza y le dedico una mirada, haciéndole saber que voy abrir. Él, asiente sin decir palabra, extrañado por la visita inesperada.

Giro el pomo de la puerta mientras doy el último toque a mi pelo y abro despacio… con cautela. La persona que se halla tras la puerta me mira tan sorprendida como yo la miro a ella. Ambas nos estudiamos en silencio, preguntándonos quién es la otra.

—¿Ángela? Pero… ¿Qué estás haciendo tú aquí? —irrumpe Alberto el silencio.

Continuará…

© Todos los derechos reservados.

¿Qué pensáis que pasará a continuación? ¿Se unirá la visita a la aventura o hará que todo termine?

¡No os perdáis el próximo capítulo!

1 comentario en “«Los visitantes del faro» Capítulo 6

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