«Los visitantes del faro» Capítulo 7

¡Buenos días! ¿Qué tal el comienzo de la semana?

Hoy os traigo el último capítulo de la novela corta «Los visitantes del faro». Ha sido más larga de lo que en un principio tenía pensado pero la verdad es que me daba pena despedirme de esta historia. Pero tenía que llegar el final y ha llegado el momento.

Espero que la hayáis disfrutado.

Si os habéis perdido alguno de los capítulos anteriores, podéis leerlos pinchando sobre el enlace correspondiente a cada entrega Novela corta: “Los visitantes del faro”. “Los visitantes del faro” Capítulo 2. “Los visitantes del faro” Capítulo 3 “Los visitantes del faro” Capítulo 4 “Los visitantes del faro” Capítulo 5 “Los visitantes del faro” Capítulo 6

Lightouse & Pastel Colors

Capítulo 7

—¿Alberto? ¿Estás aquí? —da unos pasos hacia adelante y mueve la cabeza buscando el origen de la voz de Alberto— Dios mío… Por fin te encuentro.

No es necesario que la invite a pasar. Ni siquiera se toma la molestia de mirarme o presentarse. Simplemente avanza y se dirige hacia él.

Comienzo a sentir una presión en el pecho que asciende hacia la garganta, dejándola seca y prácticamente cerrada. Me cuesta respirar y siento el calor propio del rubor en mis mejillas. Cierro la puerta tras su espalda y me mantengo al margen de la conversación pero sin abandonar la sala. Quiero ver qué ocurre, de qué hablan…

Miles de preguntas se amontonan en mi mente, ansiosa por obtener respuestas a algunos de los interrogantes que llevan latentes en mi cabeza desde el inicio, pero mi mayor duda es saber por qué lo abandonaron a su suerte, herido y en una noche de tormenta, en un lugar deshabitado. ¿Cómo alguien puede hacer una cosa así?

Solo salgo de mi ensoñación, cuando oigo a Alberto decir mi nombre y llamar mi atención, pidiéndome que me acerque hasta ellos.

—Ella me recogió de la orilla y me trajo hasta aquí para cuidarme. Si no llega a ser por ella, posiblemente estaría muerto —le dedico una sonrisa de agradecimiento por su elogio, intentando al mismo tiempo, restar importancia a mi acto. Fijo mi vista en ella y la observo atentamente, esperando obtener alguna excusa o explicación razonable para tal comportamiento.

—Muchísimas gracias, de verdad. No sabes qué susto he pasado, estaba muerta de miedo pensando que quizás se lo había tragado el mar o yo que sé… Vinimos a buscarlo pero no le encontramos… Estaba aterrorizada… —mueve las manos constantemente desde los laterales de la cabeza al frente, cruzando los dedos, como si no pudiese creer que sigue vivo y agradece a Dios o a… la suerte… que sí lo esté. Aparenta estar apesadumbrada pero en mi opinión, todo es fachada.

—No tiene importancia, lo hubiese hecho por cualquiera —hago una pausa y tomando aire prosigo— Pero, me gustaría saber qué es lo que pasó y por qué lo dejasteis ahí… abandonado… a la muerte… —me encojo de hombros y espero su respuesta. Su expresión me dice que la pregunta le incomoda pero tengo derecho a saberlo. Insisto con gesto serio y acusatorio.

—Bueno, la verdad es que todo ha sido muy confuso… Fue un accidente. Estábamos… —se interrumpe y mira a Alberto pidiéndole permiso para contarme “eso” que estaban haciendo. Él le da la aprobación. Si ella supiera…— No sabemos cómo pero se dio un golpe en la cabeza con una de las rocas y resbaló ligeramente golpeándose contra algunas de las piedras. Nosotros ni siquiera nos dimos cuenta en ese momento porque llovía muchísimo y había mucho ruido del propio viento y de las olas… Cuando lo echamos de menos, lo vimos atrapado entre las rocas. Fuimos Luis y yo rápidamente a buscarlo pero estaba inconsciente. Intentamos reanimarlo pero… no podíamos.

—Eso explica mi pierna herida y demás traumatismos, supongo.

—Sí, supongo. La cosa se puso bastante fea. Yo me puse histérica y Luis tampoco sabía muy bien qué hacer. Te arrastramos hasta la orilla con la intención de montarte en una barca y llevarte hasta el otro lado de la playa pero no aguantaba el peso de los tres y las olas eran demasiado fuertes. Lo intentamos una y otra vez pero acabábamos en el agua o en la arena siempre… No podíamos pedir ayuda. Todos se habían ido… Nos dejaron solos a los tres… ¿Qué podíamos hacer? Luis se empeñó en que lo mejor era dejarte aquí y volver al día siguiente a buscarte, cuando el temporal hubiese remitido o al menos, con más calma… No sé… Fue una locura… —se tapa la cara con las manos y niega con la cabeza mientras solloza— Estabas inconsciente y lo único que estábamos consiguiendo era ponernos en riesgo también nosotros…

—¿Y decidisteis dejarle ahí? ¿En plena orilla? Podía haberse ahogado o el mar se lo podría haber llevado… ¿En qué estabais pensando? —no puedo creer lo que está contando…

—¡No! ¡Claro que no! Lo dejamos en el lugar más seguro que creímos… Supongo que resbalaría con la lluvia o que el viento le empujó… Oye, cometimos un tremendo error pero no queríamos hacerle daño ni que le pasara nada… Hicimos lo que creímos mejor para todos… —lo mira suplicando su perdón, intentando que él lo comprenda y se apiade de sus lágrimas de cocodrilo.

—Casi muero congelado —su mirada es de reproche y aún más fría que sus palabras.

Por un momento, me alegra ver su gesto hostil y siento que ambos estamos en el mismo lado. Eso me hace sentir, extrañamente, poderosa.

—Lo siento muchísimo —separa una silla de la mesa y la gira para sentarse frente a él y tener sus ojos a la altura de los suyos. Intenta que el acercamiento físico la lleve a su objetivo. Tantea coger sus manos, duda y al final desiste—. Luis insistió en que era lo mejor, puesto que tú no respondías y trasladarte así podía ser mucho peor. Podías caer al agua y cómo íbamos a recuperarte con el temporal y de noche… Lo mejor era esperar al día siguiente para venir a buscarte…

—¿Y volvéis de noche? Sabiendo que aún hay tormenta y que puede que esté mal herido… ¿No se os ocurrió venir de día? O ¿Pedir ayuda?

—Yo, ni siquiera quería marcharme pero Luis dijo que era mejor así. No podíamos arriesgarnos a que alguien nos viera. Podía haber alguien en la playa durante el día… Era mejor no arriesgarse… —guarda silencio y agacha la cabeza como si asumiera su culpa aunque cuando vuelve a levantarla parece haber tomado valor, mostrándose enfadada— Oye, sé que no actuamos bien pero procedimos como siempre habéis exigido —Pega la espalda en el respaldo de la silla y continúa— Ante cualquier evento, incidente o hecho que ponga en riesgo evidente al club o a uno de sus miembros, la forma de proceder será aquella que implique menos daño para las personas implicadas. ¿Recuerdas? Consideramos que trasladarte era peligroso para los tres, sobre todo para ti en caso de caída al agua y venir de día a buscarte o quedarnos aquí contigo, podía poner en evidencia al club… Pensamos que era la solución más acertada. Valoramos los riesgos y creímos que era la alternativa más apropiada, aunque nos hayamos equivocado lo hicimos pensando en lo mejor.

Por un momento, sólo hay silencio. Yo los miro a ambos incrédula, sorprendida. No sé si es peor lo que escucho de su boca o la expresión de perdón que comienzo a advertir en el rostro de Alberto. Si a mí me abandonaran así, posiblemente me traumatizaría y además los denunciaría… Me sentiría una víctima… ¿Cómo puede él, perdonarlos? ¿Y qué es esa historia de valorar riesgos y no desvelar all club? ¿Es que la gente se ha vuelto loca? Es muchísimo más importante una vida que destapar los secretos de un club sexual… Esto es inadmisible…

Me siento engañada y ofendida, como si todo lo que yo he hecho por él no tuviese valor ninguno. Ir a buscarlo, salvarlo y darle cobijo, cuidarlo… Es como si perdiera su importancia…  Y no lo digo por ser reconocida ante los demás sino por el hecho de salvar una vida, de prestar auxilio. ¿Dónde ha quedado la humanidad? Se la llevaría el temporal…

—Bueno, supongo que el caos no os dejaría pensar con claridad… Lo importante es que estoy bien, gracias a Carmen. Ya hablaremos de esto cuando volvamos en una reunión los tres juntos. Por cierto, ¿Dónde está Luis?

—Nos separamos para buscarte. Vi el faro y me pareció distinguir una tenue luz, pensé que quizás te refugiaste aquí. No sabía que ella estaba aquí —habla de mí como si no estuviera presente y eso me hace sentir desplazada, ninguneada y consigue aflorar mi enfado contenido, sin poder evitar resoplar de incredulidad.

Ambos me miran al oír mi queja aunque con distinto semblante. Él, con gesto tierno y comprensivo me observa detenidamente ofreciéndome una sonrisa amistosa y muy seductora mientras pide a Ángela que salga de la sala para que podamos hablar a solas. Ella obedece sin rechistar y se dirige a la cocina. En cuanto estamos solos, me acerco hasta él y me siento en la silla que ella ha ocupado anteriormente.

—¿Te lo crees? Porque yo no. Me parece una explicación absurda y sus lágrimas muy falsas.

—No se trata de si la creo o no. Lo importante es que estoy bien, ellos hicieron lo que creyeron oportuno. No podemos juzgarlos sin saber qué hubiésemos hecho nosotros en su situación.

—¿Lo dices en serio? Vamos… Yo salí a buscarte… Esa era la mejor decisión. Apostar por la vida y no por un… ¿Club? ¿Es que nos hemos vuelto locos o qué? Claro que se trata de si los crees o no… Aunque no hay excusa razonable para que te abandonaran en medio de una playa desierta en mitad de una tormenta…

—Carmen, te agradezco muchísimo todo lo que has hecho por mí pero es complicado. Ya te dije que no todo el mundo lo entiende.

—¿El qué no entiende todo el mundo Alberto? —empiezo a mostrar el enfado que he estado conteniendo— ¿Que pongas una vida en riesgo de muerte? ¿Que no hagas nada por salvarla? O ¿Que te importe más un club sexual? Eh, dime ¿Qué es lo que la gente no entiende? —voy subiendo mi tono de voz sin importarme que ella me escuche o estar mostrando mis verdaderos sentimientos.

—No se trata solo de las fantasías que satisfacemos en el club, Carmen, es mucho más que eso. Para algunos es la libertad, el reconocimiento de su propia sexualidad, la oportunidad de ser ellos mismos sin ser juzgados. Sólo tener la posibilidad para hacerlo, les da la vida. Si pasara algo que desvelara la privacidad del club o sus miembros, muchos de ellos tendrían que volver a vivir en el infierno —lo miro con el cejo arrugado, intentando comprender lo que estoy escuchando—. Aunque te parezca increíble, el club se ha convertido en un espacio dónde cada uno puede ser como realmente es y no como la sociedad espera. Es mucho más que satisfacer una fantasía.

—Vale, muy bien. ¿Y qué? ¿Por eso está justificado dejar a una persona que muera?

—No estoy muerto.

—¡Pero podrías estarlo! ¿No te das cuenta? —guardo silencio, asombrada por sus respuestas, esperando algo que encaje en mi mente.

—Lo sé pero no lo estoy. Ellos hicieron lo que creyeron más oportuno, valorando los riesgos. Sabían que yo estaba bien, que no me pasaría nada y si alguien descubría el club podía ser horrible para muchos de ellos. Sus identidades, trabajos, sus vidas… Todo, se podía haber perdido.

—Sí, incluida tu vida. Porque tal vez no hayáis pensado, qué hubiese sucedido si tú hubieses muerto… ¿Crees que la policía no hubiese indagado y descubierto vuestro maravilloso club? ¿De verdad creéis que vuestra alternativa es mejor? —suelto una carcajada irónica.

—Lo siento. De verdad. Sé que… bueno… No está bien lo que ha pasado pero es una situación en la que nunca nos habíamos puesto y entiendo que es difícil tomar la decisión más acertada. Siempre pensamos en circunstancias distintas, del tipo… que te descubran o algo así… pero nunca creímos que pasaría esto. Es comprensible que no supieran cómo actuar.

—¿Lo piensas de verdad, eh? Yo, sigo sin comprender nada… —me encojo de hombros ante mi asombro y decido desistir. Ahora mi voz es más cansada, me muestro rendida— Pero bueno, no importa, porque es seguir discutiendo sobre lo mismo y no vamos a acabar nunca. Así que supongo que es mejor que lo dejemos estar. Al fin y al cabo, es tu vida.

Se inclina hacia mí y toma mis manos mientras me habla en susurros, con voz melosa.

—Estos días han sido… muy especiales. Mucho mejor que una fantasía. Te aseguro que no voy a olvidar lo que ha pasado entre nosotros y que siempre tendrás la invitación para conocer cómo es el club realmente. Te sorprendería, de verdad. Creo que lo más adecuado es que me vaya con Ángela, ya que de todas formas pensábamos ir mañana al hospital… Así no te causo más molestias.

—Ya. Bueno, haz lo que quieras. Si quieres irte, vete. La tormenta ya ha pasado. Y yo tengo mucho trabajo pendiente.

No puedo creer que vaya a marcharse con ella, con la misma mujer que lo dejó tirado en la playa, mal herido… Ahora viene con sus lágrimas de cocodrilo, fingiendo cuánto le importa su vida y lo mal que se siente por lo que ha pasado… Y él lo justifica. No sé qué es peor.

—Es verdad. Tienes que escribir tu obra maestra. Si quieres puedes utilizar el club y todo lo que ha sucedido para tu nueva novela. Tienes mi permiso pero ten en cuenta la privacidad y no seas demasiado dura en tu perspectiva del club… Sé que escribirás una gran historia. Tal vez vaya a que me firmes mi ejemplar…

Me sonríe y eleva mis manos para llevarlas hasta su boca y besarlas. Le devuelvo la sonrisa aunque no es tan sincera como aparenta la suya.

Unos minutos más tarde, ya han desaparecido de mi casa y de mi vida. No ha sido necesario tomarnos más tiempo ni más despedidas. Lo que he vivido en estos últimos días ha sido una aventura, divertida y diferente pero con un final predeterminado. Cada uno vuelve a su vida como si nada hubiese pasado, sin reproches, explicaciones ni remordimientos. Hemos vivido una experiencia sexual única y maravillosa y si se mantuviera en el tiempo, posiblemente, dejaría de serlo. Así que mejor así. Cada uno donde tiene que estar.

Nuevamente, me cuesta conciliar el sueño. Esta vez no se debe a la tormenta ni a mi curiosidad por saber lo que está pasando entre las rocas, más bien se debe a los interrogantes que han quedado sin respuestas. No puedo parar de pensar en todo lo que ha ocurrido; el club, las justificaciones de Alberto, las fantasías, todo lo que ha dicho respecto a ser uno mismo, la importancia de la privacidad y continuidad del dichoso club… Es tan raro… Dar más valor a todo eso que a una vida…

Doy vueltas en la cama de un lado para otro intentando comprenderlo y dar yo misma las respuestas a esas preguntas. Intento ponerme en la piel de los miembros e imaginar una situación que requiera pertenecer a un club así para poder ser uno mismo y sentirse libre, las implicaciones y consecuencias que llevarían si una vez conseguido el propósito se vieran obligados a ponerle fin. Cierro los ojos y entre cortos episodios de sueños voy imaginando distintas escenas hasta caer rendida en un sueño profundo.

A la mañana siguiente, abro los ojos con los primeros rayos de sol que atraviesan la ventana. Despierto con una sonrisa amplia y sintiéndome extrañamente, inspirada. Tengo un urgente deseo de sentarme a escribir y dar rienda suelta a mi imaginación.  Al parecer mis sueños me han ofrecido las respuestas que he estado buscando y que harán que mi novela sea un éxito.

Me siento mejor que nunca. El enfado y la rabia que me invadían anoche han desaparecido dando paso a la alegría y satisfacción. Ya no me importa que se haya marchado o que sus explicaciones no me convenzan. Para mi sorpresa, la única razón que me hace echarle de menos y lamentar su marcha es pensar en los orgasmos que ya no voy a disfrutar.  A pesar, de sentirme más que satisfecha y haber tenido en tres días más relaciones que casi en toda mi vida, aun me queda mucho por descubrir de mí misma y no puedo evitar sentir un pequeño vacío en mi interior al respecto. Ayer, antes de que apareciera Ángela, estuvimos a punto de experimentar nuevamente con nuestros cuerpos pero la interrupción hizo que nos detuviéramos y aunque parezca extraño, aún permanece la excitación bajo mi piel. Incluso he tenido la tentación de deslizar mis dedos por mi cuerpo y descender hasta el centro de mi deseo con la intención de calmar mi agitación y continuar indagando en todas mis zonas erógenas… No sé qué voy hacer ahora para sentir esas emociones adictivas de placer…

Aunque comienzo a deslizar mis dedos por mi estómago, al llegar a la línea donde reposa la tela de mi ropa interior, me detengo. Pienso en volcar las vibraciones que recorren en este momento todo mi ser, en esa historia de pasión que va a conducir a mis lectores hacia un mundo de fantasía similar al que he vivido yo durante estos últimos días y que harán que deseen no llegar nunca a la última página. Considero necesario, por tanto, mantener en mi cuerpo esa excitación que me hará unir las palabras mágicas que formarán la historia que llevo meses esperando crear.

Más tarde, podré saciar mi sed pasional.

FIN

© Todos los derechos reservados.

¿Qué os ha parecido la novela? ¿Os ha gustado?

¡Contadme!

2 comentarios en “«Los visitantes del faro» Capítulo 7

  1. Me ha encantado!! Y estoy de acuerdo con ella, no me creo a Angela (lo va a buscar y se tira a Luis por el camino, pues si que estaban preocupados ¬¬…) yo no los perdonaría, yo de él me quedaría con Carmen en el faro jajajaja ya estoy ansiosa por el próximo relato. Besotes!! ^.^

    • Al menos la aventura ha servido para que Carmen avance en su novela y abra su mente… Muchas gracias por leerme siempre. Me alegro de que te haya gustado. Besos!

Deja un comentario

Responsable » Mar Suárez Redondo.
Finalidad » Enviarte nuevos contenidos.
Legitimación » Tu consentimiento.
Destinatarios » Los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores de Webempresa (proveedor de hosting de marsuarezredondo.com) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Webempresa. (https://www.webempresa.com/aviso-legal.html).
Derechos » Podrás ejercer tus derechos, entre otros, a acceder, rectificar, limitar y suprimir tus datos.

A %d blogueros les gusta esto: