Novela corta: «Los visitantes del faro».

¡Buenos días! ¿Qué tal habéis comenzado la semana? Espero que dispuestos a comenzar el viaje por una nueva historia…

Como ya sabéis, hoy es martes y como tal, corresponde una nueva entrega de novela corta. Tras haber terminado «Cita a ciegas», comenzamos una nueva aventura con «Los visitantes del faro».

Antes me gustaría aclarar, tal como vengo explicando a lo largo de las diferentes entradas, que el amor y el romanticismo pueden entenderse de muchas formas distintas. Yo lo entiendo como algo muy subjetivo y que depende de cada persona valorar un acto, un gesto, un hecho… como romántico o no. Lo que sí pretendo transmitir a través de mis escritos es que todas esas formas de entender el romanticismo tienen cabida en esta página. Deseo que todos os sintáis acogidos y podáis empatizar con algún personaje o historia.
Innovemos, avancemos… Quedémonos con lo bueno y positivo del tradicional amor romántico e intentemos adaptarnos a las nuevas formas de relación. Eso sí, siempre desde el respeto y la igualdad.
Por esta razón, publicaré historias muy diferentes entre sí que mostrarán a través de su ejemplo esas distintas formas de romanticismo.

Dicho esto, os dejo la sinopsis y el primer capítulo de “Los visitantes del faro”:

Sinopsis:
Carmen es una joven escritora que obtuvo un gran éxito con la publicación de su primera novela. Tras este acontecimiento, decide irse durante unos meses a vivir a un faro abandonado en una playa virgen de difícil acceso. Su intención es aislarse del mundo para evitar los entresijos de su reciente abrumadora fama y así poder encontrar tiempo y paz para escribir una segunda novela que le traiga como mínimo el mismo éxito.
Pero Carmen, no sabe que el silencio y la calma que rodean al lugar no es más que simple apariencia. Allí encontrará todo lo que no espera encontrar. Soledad durante el día y unos visitantes algo extraños por la noche… Desde el gran ventanal del faro en el que vive será testigo de pasiones, encuentros salvajes y misterios… Hasta que una noche de tormenta ve lo que parece ser un hombre inconsciente tumbado en la arena… Se verá envuelta en una aventura con la que jamás sospechó y de la que no querrá salir por nada del mundo…

Lightouse & Pastel Colors

Capítulo 1

Me giro hacia la derecha. A los dos minutos vuelvo al lado izquierdo y de nuevo al derecho. Pruebo a echar la colcha hacia atrás pero tengo frío así que la recojo y me tapo con ella hasta los hombros. Comienzo a tener picazón por todo el cuerpo y sólo el roce del propio pijama me provoca malestar. En un intento desesperado por no oír la horrible tormenta que descarga sobre mi casa, me pongo la almohada sobre la cabeza, tapándome los oídos y cierro los ojos lo más fuerte que puedo. Espero unos minutos, hasta que el siguiente relámpago me hace subir las rodillas hasta mi pecho y me envuelvo alrededor de ellas.

Nada me ayuda a dormir en las noches de temporal y aunque no es una zona demasiado lluviosa, cuando llueve lo hace de verdad. Nada de gotitas finas y días de constante chispeo. Las tormentas son de lo más completas; lluvia intensa, viento fuerte que golpea contra las ventanas, relámpagos que tiñen el cielo de color anaranjado, iluminando el agitado mar y los truenos que siempre resultan ensordecedores. Todo agudizado por la ausencia de sonidos que amortigüen; sin coches transitando, personas charlando… nada que recuerde a una bulliciosa ciudad en constante movimiento. Pero claro, es de esperar si te vienes a vivir a un faro abandonado en medio de la nada. Rodeado por el océano, la arena y la escasa vegetación. Pura naturaleza. Una playa virgen de difícil acceso, casi siempre solitaria, un lugar perfecto para estar en calma y poder dedicarme a escribir la novela que mi editor lleva esperando meses y no consigo escribir. Al principio pensé que había tenido la idea que me salvaría de una caída segura pero después de llevar aquí un par de meses empiezo a cambiar de parecer. Tanta soledad y la carencia de estímulos para fomentar mi inspiración me han llevado a vagar de arriba abajo por este dichoso faro sin ninguna idea que merezca la pena.

Vuelvo a girarme hacia el lado de la ventana y observo por encima de las mantas y la colcha cómo el cielo descarga su furia sobre el océano, respondiendo éste con fuertes olas que bañan la orilla con abundante espuma blanca. Me pregunto si en noches como ésta, los visitantes nocturnos —como me gusta llamarlos ya que son los únicos que parecen venir a esta preciosa playa en el fin del mundo— también vienen a su encuentro…

La curiosidad y la desesperación por no poder dormir me hacen levantarme y acercarme hasta el ventanal. Me siento en el banco improvisado sobre el que descansa la gran ventana y observo a través del cristal la fuerza del temporal. La noche es demasiado oscura para distinguir nada en la costa. No hay luna visible y la luz del faro no ilumina el océano desde hace muchos años, no veo señales con linternas como otras noches en las que la luz de la luna ha sido insuficiente. Intuyo que hoy ni siquiera ellos han venido, privando a esta solitaria playa de pasión y a mí de entretenimiento. Al menos así, podía divertirme con algo y dedicarme a imaginar qué es lo que ocurre exactamente durante las noches entre las escambrosas rocas y sobre la fría e incómoda arena. Pero ni el regalo de esas escenas me han guiado hacia la inspiración. Podría sacar provecho para crear alguna historia o novela… pero nada… cuando la mente está en “off”, poco hay que hacer. Solo darle al “reset” y esperar que funcione.

De repente un relámpago ilumina la orilla dejando entre ver durante un instante una mancha en la arena más oscura y húmeda. Me ha parecido distinguir una silueta sobre ésta, a la que el agua moja sus pies con cada llegada de las olas. Intento focalizar la dirección de mi vista hacia el lugar dónde me ha parecido verla y esperar a que otro relámpago vuelva a mostrármela. Pasan los minutos y las descargas, ahora, se hacen de rogar. No puedo ver nada y empiezo a preguntarme si me lo he imaginado… Tal vez haya sido un efecto óptico, una huella en la arena creada por la fuerza de las olas junto a la luz anaranjada del cielo y el efecto del miedo que tengo dentro del cuerpo… Una ilusión creada por mi mente desesperada, ansiosa de estímulos con los que crear historias emocionantes que hagan a los lectores vibrar y a mi editor alucinar.

La aguja del reloj sigue avanzando y la tormenta no cesa. Cientos de preguntas invaden mi mente. ¿Y si realmente hay alguien? ¿Y si necesita ayuda? ¿Será uno de los visitantes? ¿Y si lo es —que lo sería porque aquí no viene nadie más— qué le ha pasado? ¿Y dónde está la barca? ¿Y los demás? ¿Estará herido o muerto?… Dios mío… ¿Soy testigo de un asesinato?… De pronto, el sonido de las gotas de lluvia golpeando con más intensidad el cristal de la ventana, me devuelve a la realidad. Rápidamente me levanto a buscar el viejo prismático que encontré al llegar a este antiguo faro y que guardé justo en el interior del banco sobre el que estoy sentada. Gradúo el ángulo de visión y ansío la llegada de algún relámpago que me haga ver… 1… 2… 3… Cuento agitada a la espera de la siguiente descarga, temerosa de que no se produzca ninguna más. ¡Venga! ¡Enséñamelo! Ahí está… El cielo se ha tornado naranja, iluminando la orilla completamente y a pesar de haberlo hecho durante un pequeño instante, ha sido suficiente para dejarme ver la sospechosa mancha. No es ninguna silueta ni ningún dibujo. Nada de ilusiones ópticas ni mentales. Es una persona. Diría que un hombre… tumbado boca abajo en la arena. ¿Qué debo hacer ahora? ¿Voy a buscarlo e intento traerlo hasta aquí o lo dejo ahí…? ¿Y si espero a que se haga de día? No sé… ¡Maldita sea! Ya podría ser una noche como otra cualquiera. Los visitantes llegan, tienen sus encuentros y por dónde han venido se marchan. Ajenos a mi mirada, sabiéndose solos en la intimidad que otorga la oscuridad, bañada por la tenue y romántica luz de la luna… Pero ahora, si voy en su ayuda podrían descubrirme y no sé qué consecuencias llevaría eso… Aunque podría no haber nadie más o de lo contrario, alguien habría ido ya en su busca… Me debato entre ambas opciones y pienso cuál de ellas puede llevar a las peores consecuencias… La cuestión es, si puedo mirar para otro lado sin sentirme culpable o me lamentaré por ello el resto de mis días…

Continuará…

¿Qué os ha parecido? ¿Pensáis que irá a ayudar al hombre que parece estar tumbado en la arena?

El próximo martes, el siguiente capítulo.

¡No os lo perdáis!

7 comentarios en “Novela corta: «Los visitantes del faro».

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