Relato «Con sabor a canela y a despedida»

¡Buenos días! ¿Qué tal la semana?

Como muchos de vosotros ya sabréis, mañana día 23 se celebra el Día del Libro. En Madrid están organizadas muchas actividades para esta noche de viernes que girarán en torno al mundo de la literatura. Los que estéis por la capital, si os apetece, podéis aprovechad y disfrutar de muchas de ellas. Si os encontráis en otra provincia, podéis informaros de si realizan alguna actividad especial con motivo de dicha celebración.

Por mi parte, para festejar este día os traigo un relato. Me sumo a la anticipación que hace la ciudad de Madrid y lo publico hoy, así despedimos la semana con un toque dulce.

Si os acordáis, en una ocasión publiqué una entrada con el  Relato: “Hilos rasgados” , el cual, hablaba de la historia compartida por dos de los personajes de la novela en la que estoy trabajando. Bien, pues hoy, os dejo otra de esas historias.

¿Os apetece recordar cómo se vive el primer beso? Sí, este tiene un poco de sabor a despedida pero también sabe a canela… Lee, lee.

Besos

Con sabor a canela y a despedida

Miro sus ojos. Hoy más turbios que nunca por las lágrimas que guarda bajo los párpados y más azules que cualquier día. Como si el líquido salado que brota de sus ojos se llevara consigo todas las tonalidades escondidas en su iris único y dejase a la vista el azul más hermoso que jamás haya visto.

No puedo dejar de pensar que posiblemente sea la última vez que los vea. Esos ojos preciosos, de color indefinido que tanto me recuerdan al mar. Azules, verdes, grises… Agitados, en calma, húmedos… Felices o tristes… Sea como sea los mantendré siempre en mi recuerdo.

—No me creo que este momento haya llegado de verdad —sujeto sus manos mientras las acaricio suavemente con mis pulgares— Esperaba que todo fuera una pesadilla o tal vez, al final, no tuvieras que marcharte.

—Lo siento mucho… —sus lágrimas caen de sus ojos sin parar y su respiración agitada entrecorta su dulce voz embriagada por la tristeza— Ojalá no tuviera que irme… voy a echarte tanto de menos…

—Yo también voy a echarte muchísimo de menos. No sé qué voy hacer sin ti. Ni siquiera creo que vuelva a sentarme en este banco. No podría venir aquí y observar a los patos… solo… sin ti… Me traería demasiados recuerdos.

Ambos guardamos silencio por un momento. El contagio de sus lágrimas es irremediable y los dos lloramos desconsolados como dos niños pequeños perdidos, solos en un mundo inmenso, sumidos en el temor de no volver a encontrarnos.

Se va y seguramente no volveré a verla. Cruzará de punta a punta Estados Unidos para irse a vivir a un lugar de ensueño, dónde el sol brilla casi todos los días del año. Un lugar, en el que, no sólo te enamoras de su océano y su luz, sino también de su gente… Un día, conoces a un chico guapo y encantador que se ofrece a mostrarte la ciudad y tú aceptas encantada y agradecida por su amabilidad. Otro día vais juntos a comer y te presenta a sus amigos, que ahora también son los tuyos… y así poco a poco, os vais conociendo… En algún momento te das cuenta que estás enamorada y comenzáis a vivir una apasionada historia de amor. Quizás, si todo va bien, hacéis planes de futuro y entonces, te olvidas de los nuestros, de aquellos que construimos juntos… y todo termina definitivamente.

Voy a perderla. No hay vuelta atrás.

—¿Por qué te has quedado tan callado? ¿Qué piensas? —pregunta entre sollozos aún, sin soltar mis manos.

—Pienso en lo bonito que tiene que ser Los Ángeles y en lo bien que lo pasaras allí. Seguro que pronto te olvidas de mí.

—¿Cómo puedes decir eso? Me da igual cómo sea Los Ángeles. Yo no quiero ir allí, lo que quiero es quedarme en Nueva York. Contigo —hace una pausa y me mira con el ceño fruncido, sorprendida ante mi arrebato de celos— Nunca me olvidaré de ti.

—Ya… eso dices ahora.

—¿Y tú qué? También puedes olvidarte de mí. Nueva York es muy grande y viven muchas chicas guapas… Además, podría ir a vivir a mi casa alguna chica que me sustituya… Seguro que cuando conozcas a otra que te guste ya no te acordaras ni de mi nombre —comienzo a distinguir media sonrisa en su hermoso rostro y enseguida me doy cuenta de que la amaré para siempre.

—Tú eres la chica más guapa de Nueva York y ahora lo serás en los Ángeles. Tendré que irme a vivir allí —ambos reímos mientras enjugamos nuestras lágrimas. Un ápice de humor para aliviar la amargura que se cierne sobre nosotros— Siempre te querré —la miro a los ojos muy serio haciéndole una promesa de amor sincera y eterna— Te lo prometo. Buscaré la forma de estar contigo, de que estemos juntos para siempre… Nunca te dejaré. Mientras tanto, te escribiré tantas cartas que apenas te dará tiempo de imaginar qué ocurre en mi día a día. Estaremos juntos. Ya lo verás.

Me sonríe de forma cariñosa, mientras acaricia mi mejilla. Yo ante el gesto, acerco mi rostro a su mano y ejerzo cierta presión sobre ella para embriagarme de su calor, de su tacto… Su mirada está llena de ternura, comprensión y tristeza. Se acerca mucho más a mí y el pequeño espacio que nos separaba desaparece totalmente. Su mano derecha sigue en mi mejilla y la izquierda entrelaza mis dedos con los suyos. Con fuerza. Con cariño. En un intento de mantenernos unidos. Sus labios rozan los míos. Dudosos. Casi de forma accidental y yo me dejo guiar y permito que tome lo que quiere. No es momento para el arrepentimiento. Ella, continúa. Está decidida, siempre ha sido la valiente, la atrevida. Me besa, posa sus labios sobre los míos y presiona ligeramente. Luego, amplía la abertura de sus labios e introduce lentamente su lengua en mi boca. Es suave, cálida y muy húmeda. Sabe a canela. Seguimos besándonos con más firmeza, sabiendo que el otro está de acuerdo. Su beso es delicioso. No quiero que se acabe y por supuesto, quiero repetirlo. Quiero que sea ella quién me bese el resto de mis días…

Pero se termina. Se separa de mí y se levanta. Nos miramos a los ojos y nos decimos nuestras últimas palabras con la mirada. Desliza su mano por la mía, acariciando con sus yemas cada terminación nerviosa de mi mano hasta que están separadas. Me quedo sentado y veo cómo se aleja para siempre. Me toco los labios y las lágrimas vuelven a brotar de mis ojos.

Acaban de darme mi primer beso. Ella me ha besado por primera vez y temo que también haya sido nuestro último beso.

© Todos los derechos reservados.

¿Queréis saber qué pasará? ¿Se volverán a encontrar o es un adiós para siempre?

Descubriréis más en mi novela, la cual, avanza progresivamente y espero que muy pronto podáis disfrutar de ella.

¡Feliz fin de semana!

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