Relato La huella del dolor.

¡Buenas tardes!

Tal como os prometí, os traigo el relato con el que vamos a comenzar esta nueva andadura. Os recuerdo que se trata de una parte de la novela en la que estoy trabajando y el momento que se narra es muy importante para el personaje en cuestión.

Y es que, ¿Quién no ha tenido que coser alguna vez los desgarros y roturas de un corazón herido, roto? Seguro que a lo largo de nuestra vida hemos tenido desilusiones que nos han hecho sufrir mucho, llenando nuestro corazón de heridas que hemos tenido que coser con hilo doble para que no se abra ante una nueva ilusión y nos amenace con el recuerdo de la huella imborrable que nos ha dejado. Cada una de esas cicatrices cuenta una historia diferente pero todas tienen algo en común; el miedo. Ese temor que se instala con el dolor y permanece cuando éste sana. El mismo que nos impide volver a ilusionarnos y hace que nos protejamos, a veces, en exceso… Lo que queda claro es que al final cada herida deja su huella, aunque luzca curada.

Algo similar le pasa a nuestra protagonista en el relato de hoy, y por tanto, en la novela. Ha sufrido mucho y aún está sanando  heridas que le impiden confiar de nuevo en el amor. Pero todos sabemos que los sentimientos surgen sin previo aviso y cuando el amor te llega… no puedes hacer nada para impedirlo. Solo tienes que dejar el miedo a un lado y lanzarte… aunque no sea fácil.

 Y ahora, os dejo con el relato.

 

La huella del dolor; el miedo.

Sé que no hay motivo alguno para que me sienta de esta forma y que todo está originado, posiblemente, por mi fantasiosa mente pero he de admitir que lo que estoy experimentando no es más que el fruto de un pánico que no tiene razón alguna pero con todo el sentido para mí.  Quisiera huir y marcharme de aquí pero a pesar de que mis piernas se muestran inquietas, el temblor que las sacude me impide dar un paso en firme. Tengo que mantenerme sentada y ayudarme con las manos para intentar aquietarlas. Presiono con ellas mis rodillas al mismo tiempo que empujo el suelo con mis afilados tacones, como si quisiera hundirlo sin saber muy bien por qué. Mis manos están tan húmedas del sudor que emana de ellas que puedo sentirlo bajo la delgada media que cubre mis piernas, dejando sobre ellas la huella inconfundible del terror.
El agitado ritmo de mi pulso acompaña rítmicamente los espasmos de mis músculos.  Todo mi cuerpo tiembla. Puedo sentir los golpes de mi corazón acelerado contra mi pecho, llegando a sentir un dolor punzante que invade hasta mis oídos, llenándolos con su inconfundible sonido. No oigo nada más. La música ha desaparecido y el murmullo de la gente que habla y baila se ha desvanecido. Estoy sola. Estamos solos.
Mi garganta, seca, se cierra cada vez más, incapaz de emitir sonido alguno. Quiero pedir ayuda pero no encuentro voz con la que pronunciar las palabras. Me ahogo. Casi no puedo respirar.
El calor asciende por todo mi cuerpo y torna mi tez de un color rojizo que aunque no pueda ver, siento como quema mi piel. Auténtico fuego me abrasa desde la punta de mis pies hasta mi cabeza. Un dolor punzante amenaza mi sien y nubla mi sentido, mi conciencia.
Una extraña corriente recorre mi frágil y tembloroso cuerpo. El vello que cubre mi blanca piel se eriza completamente y deja que  de mis poros salga el sudor que acompaña la excitación. Todo mi cuerpo está empapado por el miedo. El vestido que lo cubre está cada vez más adherido a él a causa de la pegajosa excitación.

Quiero correr pero mis pies no me obedecen. Me hallo en un abismo. Mi conciencia está entre el mundo real y la fantasía que ha creado mi mente.

Cruzo la mirada con él. Lo observo intensamente. Sus ojos, su mirada, sigue impresionándome como el primer día. No importa si puedo descifrar o no lo que se esconde tras ella, ni siquiera importa lo que esconda. Ya está todo perdido, al menos, para mí. Una vez que llega este momento ya no puedo dar marcha atrás, sé qué me ha pasado y que a pesar de haber intentado evitarlo a toda costa no he podido lograrlo.
Fijamos nuestra mirada desde la distancia, salvando todos los obstáculos que hay entre los dos sin importar nada más, como si estuviésemos mucho más cerca y nadie se interpusiera entre nosotros. Mantenemos la mirada y me concentro en el brillo de sus ojos. Espero… no sé a qué… Él parece estar en calma y por un momento me pregunto qué estará pasando por su mente. Si él sentirá algo similar a lo que yo estoy sintiendo. Intuyo que no es así. Esboza una sonrisa. La dibuja con sus hermosos labios lentamente, con conciencia. Una sonrisa que se clava en mi alma, en gran parte culpable de todo lo que estoy sintiendo. Tengo unas ganas inmensas de llorar. Contengo las amenazantes lágrimas aunque no puedo impedir que mis ojos se humedezcan ligeramente.
No puedo soportarlo y acabo retirando la mirada, sonrojada y asustada. Aun me cuesta entender cómo es posible experimentar esta clase de terror tan paralizante simplemente por dejarme llevar por mi mente. Los miedos que he escondido en ella acaban saliendo, dejándome caer al vacío y perdiendo el control de mi ser y de mi vida.
Solo es amor, me digo, pero mi mente y yo sabemos lo que esa palabra significa para mí y que cuando es auténtico nunca viene solo, lo hace acompañado por el miedo más desolador. Sí, me he enamorado y eso me asusta tanto que lo único que puedo hacer, es no hacer nada.

Espero que os haya gustado. Ya sabéis que podréis descubrir la historia completa en la novela.

¡Hasta pronto!

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