Relato: “La luz que perdimos”

Se acerca el día de los enamorados y muchos de ellos comienzan a preparar ese día tan especial, en el que se demuestra el amor que se tiene hacia la pareja.

Me parece estupendo que se prepare una cena romántica o un fin de semana de escapada a un hotel con encanto, dónde nos ofrecen fresas y champán de bienvenida… o el plan que más os guste. Todo sea por celebrar el amor y avivar la llama de la pasión, ¿verdad?

Pero… ¿Y si demostramos nuestro amor día a día?

¿De qué me sirve un fin de semana maravilloso o un día de los enamorados inolvidable si el resto del año nos olvidamos del otro? No hace falta que cada día hagamos algo especial o sí, ya eso dependerá de cada uno… pero un beso, una caricia, una mirada, una charla en la cama… Pequeños detalles que no cuestan tanto y que unen cada día.

Pero si vamos siempre corriendo de un lado para otro sin tiempo a detenernos para valorar lo que tenemos al lado… quizás ni siquiera nos quede el día de los enamorados…

Os dejo un relato que narra cómo nos perdemos sin darnos cuenta.

luz mirada

Esta mañana me desperté, te miré a los ojos y ya no estabas. Así de simple. No sé si te habías marchado tú o era yo la que no estaba o quizás nos fuimos los dos y ni siquiera nos dimos cuenta. Hasta que es tarde y cuando al fin advertimos la distancia que nos separa, estamos demasiado lejos para encontrarnos.

La luz que un día nació entre nosotros y que tanto tiempo nos ha unido, se ha ido apagando lentamente. Tan despacio como el giro de la Tierra en torno a sí misma. Imposible detectarlo. No nos damos cuenta hasta que el día se ha convertido en noche. Y así hemos ido avanzando, con menos luz a cada momento hasta que se ha hecho tan pequeña que andamos a tientas.

Fuimos uno en el pasado. Una época llena de felicidad, pasión y amor. Todo el tiempo que pasábamos juntos nos parecía poco y aprovechábamos cada segundo. Nada nos distraía del otro, sólo teníamos ojos para nosotros. El mundo desaparecía y las preocupaciones se desvanecían. Nos creíamos capaces de cualquier cosa y pensábamos que siempre nos mantendríamos en ese estado de ensoñación, de fantasía… que inocentes éramos… qué enamorados estábamos.

No nos importaba si llovía, si brillaba el sol o hacía frío, de cualquier forma nos veíamos. Nos conformábamos con estar juntos, sin tener demasiado en cuenta el lugar o el tiempo. Por entonces, nuestra compañía era lo único que necesitábamos. Sabíamos divertirnos sin hacer nada especial, sin procurar estar rodeados de amigos. Tan solo tú y yo.

Los besos eran apasionados, llenos de amor y delicadeza. Saboreábamos cada uno de ellos, cada encuentro, cada despedida. Supimos amarnos cada noche y cada día. Compartimos camas de singulares hostales y especiales hoteles, envolvimos las sábanas con nuestra pasión y soñábamos juntos que nuestro amor fuera para siempre.
Las palabras que nos dedicábamos sonaban a amor. Eran dulces, cariñosas, llenas de bondad y comprensión… Si en algún momento errábamos y decíamos algo dañino para el otro, nos perdonábamos fácilmente. Entendíamos que la intención no era herir al otro.

Ahora todo ha quedado en un recuerdo. Vivimos en constantes preocupaciones, siempre soñando con el día en que seamos felices completamente, imaginando un futuro mejor, ansiando los momentos del pasado, olvidándonos de vivir el presente… El trabajo, la casa, la familia… todo son distracciones. El cansancio, el estrés, las responsabilidades, el dinero… son los culpables. No nosotros.

Pasamos el día entre labores, tareas y actividades que no nos satisfacen pero aun así las hacemos. Creemos que es nuestro deber hacerlas. Ver la televisión, ojear el móvil, dormitar sobre el sofá… sea lo que sea pero sin hablarnos, sin mirarnos, sin tocarnos.

Nuestras escapadas si son acompañadas mejor, para no aburrirnos. Necesitamos estar rodeados del mundo para no darnos cuenta de que nos hemos perdido. Observamos a nuestros amigos y nos comparamos con otras parejas, consolándonos de lo bien que estamos nosotros si nos fijamos en ellos. Pero cuando no están… estamos mejor con ellos.

Los besos son fugaces. Uno de llegada y otro de despedida. Rápidos, sin sabor, sin deleite. La pasión se fue un día y ya no volvimos a recuperarla. La abandonamos, dejamos que se perdiera. Las sábanas, nos envuelven a nosotros. Ya no las enredemos entre nuestras piernas…
Las palabras son afiladas flechas que se clavan en el alma. El sonido que nos acompaña es el de los reproches, las quejas, las comparaciones… El perdón ni si quiera lo reconocemos, ahora es el orgullo el sustituto.

Quisiera recuperarte, recuperar lo que fuimos pero tengo miedo de que sea demasiado tarde, de que tus ojos ya no brillen cuando mires los míos. Temo no saber encontrarte, que no quieras buscarme. No entiendo cómo pudimos perdernos, cómo no supimos aprovechar lo que atesorábamos. Sólo teníamos que disfrutar de lo que compartíamos, saber valorar el amor que nos unió y que un día nos prometimos. Pero estábamos tan pendientes de otras cosas… tan insignificantes… Siempre ansiando un futuro mejor, añorando un pasado que ya no está…

Sólo espero que la próxima vez que nos miremos, ambos encontremos la luz que un día nació en nuestra mirada para guiarnos por el camino del amor.

Fin.

¿Qué opináis? ¿Demostráis vuestro amor día a día o pensáis que no es necesario?

4 comentarios en “Relato: “La luz que perdimos”

  1. Si Mar, el cariño se pierde con el tiempo debido a otras ocupaciones o a terceros que llegan a nuestras vidas, como los hijos, en muchas ocasiones vemos a esas parejas de novios tomados de la mano en todo momento,pero si te das cuenta, cuando se casan o se unen y tienen hijos, en muchas ocasiones la esposa va adelante con el niño en los brazos y el esposo o pareja muy atras de ellos, alli noto que se a perdido casi todo, porque la atencion o parte de ella la comparten con un tercero.

    Gracias por el relato es de reflexion.. un abrazo

    • Sí, por eso es muy importante saber valorar lo que tenemos y no olvidarnos de esos pequeños detalles que unen una relación. Gracias a ti por leerlo. Un abrazo!

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