Una aventura de mucha tinta. Capítulo 2

¡Buenas tardes! ¿Cómo habéis comenzado la semana?

Hoy es martes, así que ya sabéis que corresponde la siguiente entrega de la novela corta que estamos viviendo en este momento; «Una aventura de mucha tinta».

¿Os habéis perdido el primer capítulo o necesitáis volver a leerlo? No os preocupéis, solo tenéis que pinchar en el enlace y comenzar a disfrutar de esta apasionante historia  Una aventura de mucha tinta. Capítulo 1.

agujatatuaje

Capítulo 2

—¿Puedo ayudarte en algo? —me pregunta con tono servicial, como si intentara ayudar a una niña perdida. Trago saliva con dificultad, dada la sequedad de mi garganta tras tanta lágrima vertida, mientras pienso rápidamente algo que decir.

—Verás, es que necesito ir al baño. Llevo conduciendo… no sé cuánto tiempo y este es el único sitio que he visto abierto…

Me observa detenidamente, sin despegar sus ojos de los míos. Le muestro una sonrisa amable para que vea mi sinceridad a través de ella y mi buena voluntad. Él, con sonrisa pícara y la frente arrugada me ofrece lo que podría considerarse un trato justo.

—El aseo es sólo para clientes pero puedes pedir lo que te apetezca.

—Bien, pues ve preparándome el vaso, cuando salga te digo lo que voy a beber —señalo con un dedo hacia la puerta que está tras él, indicándole que se aparte para que pueda pasar. No puedo esperar más.

Abre los ojos sorprendido por mi respuesta y se echa hacia un lado permitiéndome avanzar hacia mi objetivo. Puedo sentir las miradas clavadas en mi espalda pero no me importan lo más mínimo.

He sido gravemente herida por la mirada que más me importaba. Qué más me da si un grupo de desconocidos me avasallan con ojos sombríos y dudosos… Es cierto que en un principio me he sentido abrumada ante tanta expectación pero una vez traspasada la puerta, me he llenado de energía y al igual que me ocurre cuando atravieso la entrada de un juzgado, me he colmado de valor y fuerza.

Que me miren si quieren y que me juzguen… ya que he venido a parar aquí, voy a relajarme durante un rato mientras me tomo una copa que amortigüe el dolor punzante de mi pecho.

Salgo del aseo y me dirijo a la barra, que ahora está atendida por quien me ha recibido. Me siento en un taburete mientras él me observa desde el otro lado, esperando que le pida mi bebida. Puedo advertir en su expresión que está algo despistado, descolocado… No esperaba mi reacción, seguramente creía que me amilanaría o que saldría corriendo asustada.

—Ponme un whisky solo con hielo pero no vayas a ponerme de la botella más barata. Quiero etiqueta dorada. —lo miro con aire desenfadado, indiferente, como si nada me importase. Aunque le hago saber que voy en serio, no soy ninguna niña perdida a la que tenga que salvar. Sé perfectamente lo que estoy haciendo, o al menos, intento dar dicha apariencia.

—No tengo ese whisky. Si quieres etiqueta negra… Es lo que tengo…

—Está bien, ese mismo.

Aunque no veo lo que ocurre detrás de mí, puedo oír el murmullo de las voces y las risas. Supongo que una vez pasada la sorpresa, todo vuelve a la normalidad con suma rapidez. Sus miradas ya no atraviesan mi espalda, imagino que ya tendrán una supuesta hipótesis sobre quién soy y cómo he llegado aquí… Todo el mundo juzga… sin necesidad de ser juez.

Mientras me sirve mi bebida, giro la cabeza hacia mi izquierda y observo cómo la pareja que antes se susurraba al oído, ahora se besa cariñosamente. Esbozo una sonrisa mientras les miro y pienso en lo que he perdido. Esa punzada que sueles sentir deslizarse desde la boca de tu estómago y recorrer todo tu ser… La reacción de la piel ante la acaricia de la persona amada y el deseo que nace en tu interior por poseerlo y uniros hasta convertiros en uno… Ese dolor punzante que ahora se ha convertido en un grito desgarrador de tu alma, herida y vacía, exigiéndote recuperar ese amor que antes la colmaba…

Suspiro en un intento de calmar la agonía que siento. Cierro los ojos un segundo para borrar de mi mente la imagen del deseo, del afecto, pero no consigo más que acrecentar mi sufrimiento. Los recuerdos vienen a mí como flashes, haciendo un recorrido por nuestra larga historia compartida. Besos, abrazos, risas, confesiones, ilusiones, pasión… Todos los momentos vividos, aquellos más felices y que siempre te hacen preguntarte en qué momento de la historia se fueron para dar lugar a la indiferencia, el egoísmo y la mentira…

A veces pienso si podría haberlo evitado. Tal vez si me hubiese dado cuenta de ese decaimiento de la relación, tan sutil y desapercibido por quienes lo viven, quizás podría haber puesto remedio y con paciencia y empeño todo podría haberse solucionado… Sin embargo, hay momentos en los que mi mente me dice que nada tenía remedio. Cuando la historia que se ha creado en unión, comienza a desquebrajarse, lo hace tan silenciosamente que para oír cómo se rompe tienes que tener un don que solo algunos afortunados poseen. Está claro que yo no soy una de ellas y mi, ahora exmarido, tampoco. Aunque en mi opinión, él hubiese simulado no darse cuenta, ya que cuando otro amor cruza tu vida ya nada de lo que queda atrás te importa. Tu único deseo es avanzar, mirar hacia delante y comenzar esa nueva historia que aparenta plena felicidad y eternidad… Acabar cuanto antes con el pasado para poder caminar hacia el futuro… Lástima que yo no sea capaz en este momento de dar ni un solo paso…

—Puedes pensar en ello tanto como quieras mientras haces girar los cubitos de hielo de la copa… pero te garantizo que no vas a obtener la respuesta que buscas.

Levanto la mirada del vaso que sostengo en mi mano derecha y miro hacia la voz que ha interrumpido mis pensamientos. Es otro de los hombres que bebían alrededor del barril.

Al igual que el resto de sus acompañantes, tiene los brazos completamente tatuados. Viste una camiseta de manga corta y aunque tapa la mitad de sus brazos, se adivina que el extraño dibujo que comienza en sus muñecas prosigue al menos hasta la parte superior de los hombros. Líneas negras, rojas, sombras y grises que se unen para dar forma a un dibujo cifrado, que parece haber sido improvisado por el dibujante. Líneas de tinta que marcan y guían el recorrido de las propias curvas de un brazo tonificado, vigorosamente musculado. También luce una barba crecida en torno a sus labios. Se pueden distinguir varias tonalidades en el color de su vello; desde un negro intenso hasta un castaño claro, con algunos matices blancos que te recuerdan los años ya vividos. Sus ojos, del color de la miel más fina y dulce, parecen sabios observadores de la vida. Grandes y limpios, sin la apariencia de una cara que no muestran. Su cabello, no es tan colorido como su barba, con un tono mucho más uniforme hacia el negro intenso. Su voz, grave y al mismo tiempo melódica, ha traspasado mis oídos generando una extraña sensación de paz, que aunque levemente, ha aliviado por un instante, el dolor asfixiante del centro de mi pecho.

Sentir que alguien sabe o puede entender por lo que estás pasando es tan tranquilizador y reconfortante que no importa si es un desconocido, tu mejor amiga o tu madre… Solo necesitas una palabra de aliento, una mano que te sostenga y te comprenda, alguien dispuesto a escucharte sin darte consejos ni remedios… Un alma que haya sufrido lo mismo que tú, que solidaria se preste a compartir tu dolor y utilizar su experiencia para amortiguar tus lágrimas, soportar la carga del sufrimiento de un alma vencida, que rendida ante la desesperación de la agonía, requiere la compañía y el valor de una ya sanada.

Sonrío agradecida ante su gesto complaciente y con la mirada, lo invito a sentarse a mi lado. No puedo permitirme rechazar su ofrecimiento. Dada la escasez de amigos que tengo y lo esporádico del consuelo desconocido, resultaría demasiado descortés y soberbio no aprovechar el beneficio de un oído comprensivo.

Continuará…

© Todos los derechos reservados.

¿Quieres saber qué pasará en la conversación que está a punto de comenzar entre ambos?

¡Pues no te pierdas  el próximo capítulo! Te espero el próximo martes.

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