Una aventura de mucha tinta. Capítulo 6

¡Buenas tardes! ¿Cómo lleváis la semana?

Siento mucho el retraso en la publicación del siguiente capítulo de la novela “Una aventura de mucha tinta”, pero algunos asuntos personales me han tenido bastante ocupada.

Como no quería que tuvierais que esperar mucho más, esta misma mañana he terminado algunos retoques que faltaban y ya tenéis disponible la nueva entrega.

Os dejo el enlace directo de los capítulos anteriores por si os habéis perdido alguno Novela corta: Una aventura de mucha “tinta”. Una aventura de mucha tinta. Capítulo 1 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 2 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 3 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 4 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 5

Os dejo ya con este emocionante y vibrante capítulo… Aviso: puede subiros la temperatura… ¿Estáis listos?

agujatatuaje

Capítulo 6

Se marcha, dejándome con su dulce sabor en los labios. Paso mi lengua por ellos, y aún puedo apreciar un ligero sabor a la mermelada que ha tomado esta mañana. Apoyo mi espalda sobre el respaldo del sofá, respiro profundamente y cierro los ojos en un intento por recuperar la serenidad. Pero en lugar de ello, revivo una y otra vez el beso que acabamos de compartir, mientras pienso cómo he acariciado sus brazos descaradamente con la absurda excusa de admirar sus tatuajes. No he podido evitar tocarlo. Me llamaba tanto la atención y sentía un impulso tan fuerte hacia él, que contenerme no ha sido posible.

Siento un poco de vergüenza al pensar en mi comportamiento y me pregunto quién es la mujer que parece haber reemplazado a la Ana de siempre. Esa, tan correcta, tímida y formal que jamás se deja llevar y controla al mínimo detalle todo lo que sucede a su alrededor y que ahora parece haber sido sustituida por otra mujer mucho más impulsiva y descontrolada, que no piensa en las consecuencias de sus actos ni controla cada uno de sus movimientos, antes incluso de darlos. No sé qué es lo que me ha pasado esta noche y por qué me estoy comportando así, pero intuyo que tal vez muy pronto me arrepienta. Probablemente, mucho antes de lo que puedo esperar… ¿Se puede saber qué estoy haciendo?, ¿Qué hago en casa de un desconocido, sentada en su sofá y esperando a que regrese? Y no sólo esperándole… Estoy ansiosa por retomar ese beso inacabado y explorar con mi lengua el sabor del resto de su piel. Quiero envolverme en sus fuertes brazos y sentirme protegida, ofrecer mi cuerpo y mi alma a su ser mientras me siento libre y complacida. Sin remordimientos. Sin excusas ni explicaciones. Porque sí.

Tan solo mi pensamiento, exacerba mis sentidos y eriza el vello que cubre mi piel, consiguiendo que mi excitación aumente rápidamente y recorra cada milímetro de mi cuerpo. Mi imaginación comienza a elaborar suculentas escenas de pasión, en las que él resulta ser un amante entregado y yo suspiro de gozo bajo sus manos, su lengua y sus labios… Los dedos de mis pies se contraen automáticamente y mi garganta se torna estrecha y seca como respuesta a dichas imágenes, al mismo tiempo que mi centro del deseo se humedece progresivamente  y comienza a abrirse ávido de placer.

Decido levantarme y pasear, distraer mi mente de cualquier pensamiento que provoque en mí estas sensaciones escalofriantes, inigualables e irresistibles… Voy a la cocina y bebo un poco de agua con la intención de aclararme la garganta y refrescar el reciente calor que ha crecido en mi interior.

Me desplazo lentamente por el pequeño apartamento mientras voy observando cómo es su distribución y su decoración. Me sorprende comprobar lo ordenado y limpio que está todo, sin ninguna prenda sobre el sofá ni zapatos a la vista, no hay surcos de vasos en la mesa, ni manchas en el suelo… Todo parece impecable, pero sin lucir como recién  lavado. Recuerdo la suavidad de las sábanas que me cubrían esta mañana y la sensación que me produjo tocarlas e inspirar el perfume que desprendían. Camino hacia la habitación y me siento sobre la cama, ya vestida y cubierta por una fina colcha. Me pregunto en qué momento se habrá parado a hacerlo y entonces recuerdo cuando se marchó a ducharse y yo me quedé en el salón esperándole. Estaba tan seductor a su regreso…

Todo ello me hace pensar que tal vez, continuemos experimentando con nuestros cuerpos cuando regrese y yo aún visto la misma ropa de anoche, con un ligero aroma a whisky, perfume y sudor. Entro en el aseo y me sitúo frente al espejo, pensando cómo mejorar mi aspecto sin contar con ropa para cambiarme… Salgo de nuevo a la habitación y asomo la cabeza por la ventana. Miro hacia todas partes, intentando localizar algo que pueda ayudarme en mi tarea o que haga surgir una buena idea en mi menta confusa, pero no encuentro nada. Finalmente, decido darme una ducha y, al menos, eliminar de mi piel el olor a culpa y reproche. Ya resolveré luego el tema de la ropa.

Abro el grifo y dejo que corra el agua hasta tomar la temperatura correcta mientras voy deshaciéndome de toda mi ropa. La doblo y la coloco sobre el mueble que rodea al lavabo para que no se arrugue demasiado. Pongo un poco de pasta de dientes sobre mi dedo índice y lo paso por mis dientes para eliminar los posibles restos de comida y el amargo olor a whisky que aún perdura en mi aliento. Cuando el agua comienza a salir humeante, introduzco un pie en la ducha, seguido por el otro. Deslizo el agua por todo mi cuerpo, dejando que con su fuerza y su calor arrastre todas las malas vibraciones que se amontonan bajo mi piel. Una vez que he recorrido cada tramo de mi angustiado cuerpo, coloco la ducha sobre la pared y doy un paso al frente, situándome debajo para recibir el baño de agua sobre mi rostro cansado. Las gotas se deslizan por mi cabeza, relajando la presión y aclarando mis pensamientos. Mi pelo comienza a mojarse y las ondas desaparecen bajo la humedad y el vapor, devolviéndole su aspecto natural. El baño me relaja tanto que cierro los ojos para sumergirme completamente en el poder calmante del agua, curativa y a veces, casi milagrosa. Permito que caiga sobre mí toda su fuerza  y se lleve con ella toda la desazón que me ha acompañado hasta este momento y que extrañamente me ha traído hasta aquí.

Dejo que pasen los minutos sin preocuparme por nada que no sea relajarme y abstraerme del mundo que me rodea, por un momento. Permito que el agua me empape y el vapor me rodee, aislándome de cualquier luz u objeto que pueda distraerme. Mi piel va calmándose y a través de los poros abiertos por el calor emerge todo el sufrimiento contenido, marchándose hacia el desagüe, arrastrado por la corriente de agua.

Cuando considero que he limpiado los restos tan molestos que tenía adheridos a mi ser, cierro el grifo y con una sonrisa placentera, salgo de la ducha. Lío alrededor de mi cuerpo la primera toalla que veo sobre la estantería del baño, oculta entre el espeso vapor. Intento admirar mi nuevo reflejo en el espejo, pero todo está tan cubierto que apenas puedo ver más allá de mi cuerpo. Abro la puerta esperando que el oxígeno que entre disipe la nube de vapor que me impide ver, no sólo en el interior del baño sino también al otro lado.

Salgo a la habitación y me encuentro de golpe con su pecho desnudo. Apoyo mis manos sobre él para no caerme del impacto y él responde sujetándome de la cintura. Puedo sentir el calor de sus manos a través de la suave toalla, provocando que las gotas que aún caen de mi cuerpo se evaporen por el calor que emana de sus dedos. Nos miramos en silencio. Separa los labios con la intención de dejar salir alguna palabra pero deja escapar un suspiro en su lugar. El calor se desplaza por todo mi cuerpo, devolviéndole las mismas sensaciones que hace un momento sentía mientras soñaba.

Acerca mi cintura a la suya y elimina completamente el espacio que nos separa, desliza una mano hacia mi nuca y posa de nuevo sus labios sobre los míos. Tan suaves y sabrosos como los recordaba, tan cálidos como los imaginaba… Su lengua vuelve a encontrarse con la mía, despacio se unen en un rítmico movimiento, explorando ambas lo que antes dejaron inacabado. Se saborean y juegan, aumentando el ritmo, influenciadas por la pasión.

Nos envolvemos en un abrazo mientras extendemos el beso. Dejo caer mis manos por su espalda y la acaricio descendiendo lentamente pero presionando contra ella. Me detengo al llegar a la cinturilla de su pantalón y reposo mis dedos sobre ella. Él se deja caer sobre la cama que está a su espalda, sentándose sobre ella y arrastrándome a mí con él. Me sienta en sus rodillas con mis piernas abiertas frente a él y con sus manos eleva ligeramente la toalla que me cubre, acariciando mis muslos son sus manos. El contacto de su mano sobre mi piel, ya caliente y humeante, aumenta el calor de mi interior expandiéndose por todas las células de mi cuerpo. Con cada uno de sus movimientos, siento a través de sus dedos, una descarga eléctrica que atraviesa mi ser desde lo más profundo de mi alma, alcanzando directamente mi centro del placer sin la necesidad de tocarlo. Mi excitación es tal, que creo llegar al éxtasis mucho antes de comenzar siquiera.

Sus manos continúan subiendo por mis caderas, hacia mi cintura y luego hasta  mi ombligo y mi pecho. Roza con sus pulgares el lateral de mis senos y con el mismo movimiento abre la toalla que aún me tapa y deja que resbale por mi contorno hasta caer al suelo. Se muerde el labio inferior y se detiene a observar mi cuerpo completamente desnudo, mientras yo contengo el ansia que crece en mí por sentirlo en mi interior.

Besa cada tramo de mi pecho, mis senos y desciende hasta mi ombligo. Baja y sube varias veces dejando un reguero de besos y la humedad de su saliva en mi piel. Se detiene justo al llegar a mi monte de venus y me impulsa para que pueda levantarme. Él, se levanta conmigo y mientras me besa, desabrocha cada botón de su pantalón y deja que éste caiga por sus piernas, seguido de su ropa interior. Mi respiración se agita y mi corazón palpita tan fuerte que puedo oír su sonido. El centro de mi deseo está totalmente abierto para él, ansioso, caliente y muy húmedo. Puedo sentir  cómo palpita de deseo.

Sus manos vuelven a mi cadera y en un rápido movimiento introduce su sexo erguido en mi interior. El contacto es perfecto. Guía el ritmo de cada envite, llevándome más y más cerca del éxtasis en cada  acometida. Me dejo llevar completamente por sus impulsos, apretando mis manos contra su espalda, haciendo fuerza para alargar este momento tan maravilloso y placentero y contener por un instante más el dulce sabor del placer y el deseo.  No quiero que se acabe, quiero seguir sintiendo lo que en este momento se ha apoderado de mi cuerpo e inunda mi alma de emociones ya olvidadas.

Me sujeto a él tanto como puedo para soportar cada empuje y tomo plena consciencia del momento que estoy viviendo. Quiero que quede grabado en mis recuerdos, en mi piel, en mi alma, en lo más profundo de mi ser…

Los dedos de mis pies se contraen y sé que ya no podré reprimirlo más. Dejo escapar por mi garganta un quejido que le avisa y libero el goce por todos los poros de mi piel.  Permito que se extienda  por todo mi ser, mientras mi cuerpo se sacude en espasmos. Puedo sentir la palpitación de su sexo en mi interior y cómo se derrama en mí todo su elixir. Ambos caemos rendidos sobre el cuerpo del otro y abrazados permitimos que se calmen nuestros espasmos. Cierro los ojos y sé que no necesito hacer un esfuerzo por memorizar este momento. Mi alma responde y descubro en ella que el vacío se ha cerrado por completo.

Continuará…

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¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado?

¡No os perdáis el próximo capítulo!

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