Una aventura de mucha tinta. Capítulo 7

¡Buenas tardes! ¿Qué tal habéis pasado el fin de semana?

Nuestra protagonista en “Una aventura de mucha tinta”, tiene mucho que contar… Para ella el fin de semana está siendo inigualable…

¿Queréis saber por qué?  ¡Os dejo con la siguiente entrega!

¿Te has perdido algún capítulo? No te preocupes, puedes leerlos pinchando en el enlace correspondiente Una aventura de mucha tinta. Capítulo 1 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 2 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 3 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 4 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 5 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 6

agujatatuaje

Capítulo 7

Tumbados sobre la cama, vamos recuperando poco a poco nuestro ritmo de respiración normal mientras descansamos del apasionante encuentro. Ambos miramos hacia el techo de la habitación sin intercambiar ninguna palabra. Permanecemos tumbados, desnudos y en silencio, tras haber tenido un glorioso momento de placer, disfrutando aún de las sensaciones que recorren nuestra piel.

Mi mente comienza a rumiar de nuevo y me planteo qué estará pensando él, en este instante. Yo, no puedo dejar de pensar en la locura que acabo de cometer y en lo poco habitual que resulta en mi comportamiento, mi reciente actitud. Es cierto que jamás me había sentido tan cómoda y que han nacido en mi interior unos sentimientos inesperados que han enloquecido todo mi ser, pero mi mente controladora  intenta recordarme una vez más que ser impulsiva y dejarse llevar por el momento no es mi costumbre, no pertenece a mi forma de ser y como tal, intenta persuadirme instándome sentimientos de culpa y vergüenza que me impulsen a marcharme lo antes posible. Pero, a pesar de conseguir que dude y me replantee la situación, resisto como puedo e intento oír únicamente la voz de mi alma concentrándome en las vibraciones que derrama por todo mi cuerpo, haciéndolo sentir especial, único y dichoso.

Me pregunto si él estará disfrutando aún de todas las sensaciones o si su mente estará convenciéndolo para que se aparte de mí lo antes posible. Seguramente, para él, estar con una persona como yo también sea algo inusual y prefiera volver a su vida sin mujeres enloquecidas, deprimidas y trajeadas como yo. Posiblemente, aquellas que estaban en el bar y que parecían tan alocadas y divertidas sean mucho más equilibradas que una abogada trastornada y  hundida como yo.

—¿Cómo te encuentras? —interrumpe mi ensoñación, girando levemente la cabeza para mirarme.

—Bien —sonrío y me limito a responder con un clásico “bien”. Podría decirle que me siento como nunca, que estoy de maravilla y que si soy sincera conmigo misma lo único que quiero es repetir el encuentro de hace un momento una y otra vez, pero me reprimo y opto por lo clásico y aburrido.

—¿Qué quieres hacer? —Lo miro con el ceño arrugado, preguntándome a qué se refiere exactamente—. Tendría que llevarte hasta tu coche tal como dije que haría y dejar que te vayas y continúes con tu vida… O tal vez, podrías quedarte… —Se gira completamente hacia mí colocándose de lado y me mira, seductor, con una media sonrisa pícara.

—¿Quedarme?

—Sí. ¿Por qué no te quedas el resto del fin de semana? Es sábado a mediodía y si no tienes nada mejor que hacer, podrías quedarte aquí y compartir conmigo el tiempo que queda hasta el domingo por la tarde. Entonces, te llevaré hasta tu coche para que puedas volver a tu vida y vayas a trabajar o lo que tengas que hacer.

Lo observo detenidamente. No parece estar bromeado y su expresión me dice que desea extender la pasión vivida hace un momento, todo lo que pueda en el tiempo. No se trata de una invitación laboral. No vamos a estudiar informes ni sentencias como he hecho mil veces con mis compañeros de gabinete, quedándome hasta altas horas de la madrugada en la oficina o pasando el fin de semana con alguno de ellos en mi casa o en la suya, mientras mi entonces marido se acostaba con su amante. Su oferta se inclina más bien hacia el deseo y la lujuria.

Desvío mi mirada, fingiendo que estoy meditando mi respuesta y deslizo mis ojos hasta su cuerpo. Contemplo la silueta de sus piernas marcadas por la sábana que le cubre desde sus pies hasta su cadera,  recorro su pecho descubierto admirando cada músculo e imagino cómo mi cuerpo se funde con el suyo y nuestras piernas se enredan,  mientras sus fuertes brazos me abrazan y acarician mi piel hasta hacerla enloquecer. Me muerdo el labio en un acto reflejo y trago saliva con dificultad. Mi corazón comienza a acelerarse y puedo sentir cómo mis mejillas se tornan de un color rojizo. El sonido de mi propio latido atenúa la voz de mis pensamientos y por segunda vez, desde esta misma mañana al despertar, decido ignorar a mi mente y dejarme guiar por mis emociones.

—Quedarme aquí es lo mejor que tengo que hacer.

Amplía su sonrisa y sujetando mi barbilla para alzar mi cabeza, vuelve a posar sus labios sobre los míos y me besa suavemente. Esta vez, mantiene su lengua en el interior de su boca y utiliza únicamente sus labios para saborear los míos, con suma delicadeza y destreza, como si realmente extrajese algún sabor escondido entre las sutiles ranuras de mis finos y agrietados labios. Comienza a descender por mi cuello, y yo echo hacia atrás la cabeza ofreciéndoselo gustosa, y así volvemos a adentrarnos en un momento nuevo de entrega y placer.

Cada beso tiene un sabor distinto y cada caricia hace vibrar mi piel como si fuese la primera vez. Sus manos, seguras, viajan por todo mi cuerpo encontrando zonas erógenas jamás descubiertas, mientras mis dedos trémulos se adentran bajo la sábana que cubre su sexo palpitante y erguido.   Asumo cierta iniciativa y me permito participar siendo yo también quién guíe el ritmo de este nuevo encuentro. Aunque es él quien lleva el verdadero control, advierte a través de mis movimientos lo que necesito y ansío en cada instante adaptándose a la perfección a cada una de mis necesidades. A pesar de haber experimentado hace tan solo unos minutos un goce inigualable, su maestría y dedicación hace que vuelva a vivir otro momento de placer intenso y único.

Pasamos así el resto del día. Todo lo que hacemos eriza el vello de mi piel, haciendo que una descarga eléctrica viaje por mis redes nerviosas estimulando cada una de mis zonas erógenas. Todo se torna lascivo y sensual, excitante…

Comer nunca fue tan apasionante. Preparar juntos la comida, manipular los alimentos mientras nuestras manos se rozan, probar el sabor de la salsa en los labios del otro, degustar el vino a través de los besos húmedos y cálidos, manchar nuestra piel y con la lengua limpiar cada gota derramada. El sabor de la comida jamás fue tan exquisito. Mezclado con el sabor de su piel, los aromas unidos a su peculiar olor, traspasan mis sentidos transportándome a un mundo de ensueño.

Ambos, de pie en la estrecha cocina, rozándonos constantemente al pasar junto al otro…

Puedo sentir su sexo firme, contenido en su ropa interior, presionando contra mi cuerpo cada vez que se coloca tras de mí. Aprovecha el momento para posar sus manos en mis piernas e ir ascendiendo lentamente dejando la huella de sus dedos, hasta alcanzar mis caderas y sujetarlas llevándolas hasta él. Dejo escapar un amplio suspiro por mi garganta y el néctar de mi deseo comienza a deslizarse por mi muslo derecho, impregnando de humedad mi palpitante sexo.  La camisa que él me ha prestado para poder cubrirme, alcanza tan sólo hasta mis glúteos. Sin ropa interior que contenga el deseo. Tan sencillo resulta alzar ligeramente la fina tela para tener acceso a mi centro del placer, que el simple pensamiento hace que mi cuerpo vibre. Una de sus manos se desplaza hasta mi hendidura e introduce un dedo con facilidad, lo hace girar dentro de mí y presiona justo donde tiene que hacerlo. Mi sexo responde abriéndose más e introduce un segundo dedo, colmado por completo mi hendidura. Los mueve hacia dentro y hacia fuera, los gira en mi interior y ejerce presión, haciéndome temblar con cada movimiento. Me sujeto a la encimera con toda mi fuerza para aguantar cada empuje mientras él sostiene mi cadera con su mano libre.

De repente, me gira y extrae sus dedos de mi interior, me impulsa con sus fuertes brazos y me sienta sobre la encimera. Levanta la camisa que me cubre ligeramente y separa mis piernas colocando sus manos en mis muslos. Hace una ligera presión para impedir que las cierre y con su lengua recoge todo el elixir derramado por mis piernas, mientras asciende lentamente y llega hasta el centro de mi deseo.  El éxtasis que recorre todo mi cuerpo e inunda mi ser es tan desorbitante que el cúmulo de emociones rompe en lágrimas saladas de felicidad, contenidas algunas y otras derramadas en su espalda.

Pasan las horas y no importa las veces que hayamos suspirado de gozo. Nuestros cuerpos siguen unidos, atraídos por una especie de fuerza irrefrenable que nos impulsa a los brazos del otro.

El día fluye entre risas, besos, caricias, sexo, palabras sin sentido y el humo de los cigarrillos. Mis pensamientos se han ido diluyendo con cada beso y mis emociones permanecen en el máximo de sus expresiones. Mi alma, parece sanada. Aquel hueco vacío que sentía, parece haber sido cubierto por una mágica pócima compuesta por comprensión y cariño.

Cada vez que descansamos después de haber disfrutado de nuestros cuerpos unidos, lo observo con disimulo mientras él recupera el aliento o lía uno de sus cigarrillos. Admiro su silueta esbelta y fuerte, en la que me he enredado y contemplo sus brazos completamente tatuados por esos indescifrables dibujos que siguen el camino de sus marcados músculos, y recuerdo cómo éstos me han abrazado y han sostenido mi cuerpo mientras se sacudía en espasmos de placer. Advierto la destreza de sus dedos, que hábiles y seguros han sabido encontrar mis puntos de placer.  Reparo en su atractivo rostro y su sonrisa pícara y seductora, envuelta por el grueso vello de su barba. Pienso cómo ésta se ha deslizado por todo mi cuerpo sin dejar ni un solo rasguño o raspado a su paso, sin ser pungente ni molesta, ha acariciado con sus cientos de puntas cada tramo de mi piel consiguiendo erizar de deseo, mis vellos. Recuerdo el sabor de sus labios y la suavidad con la que me han saboreado, la calidez de su lengua y su dulce sabor a mermelada en el primer beso… Pero si me detengo a pensar en sus ojos y en la mirada que forman, mi alma enmudece al hallar esa claridad y transparencia que desde el primer instante ha cautivado mis sentidos.

Sé que él no se asemeja ni por un segundo al hombre que tanto me ha herido y que durante el tiempo compartido me ha tratado con un cariño y respeto que ya daba por olvidado, pero no sé a dónde nos llevará esto y si es tan maravilloso y mágico por ser una aventura pasajera…

Me pregunto si esto es lo que siente mi exmarido cuando se encuentra con su amante y si él también vive con ella las emociones que yo he experimentado hoy, y por un momento lo comprendo. Puedo entender  la atracción que se siente y las sensaciones que te atrapan, llevándote a revivir momentos de placer olvidados y enterrados en lo más profundo de tu alma. Incluso puedo perdonarlo y aceptar que lo nuestro está acabado. Entiendo que quiera continuar su aventura y seguir sintiendo ese éxtasis emocional porque yo sólo puedo pensar en que este fin de semana no termine jamás y por muy cansada que esté y aunque tenga que luchar contra mis párpados no quiero dormirme, porque tengo miedo de despertar y descubrir que todo lo que estoy viviendo es tan sólo un sueño.

Continuará…

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¿Os ha gustado? ¿Cómo os gustaría que continuara?

¡No os perdáis el próximo capítulo!

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