Una aventura de mucha tinta. Capítulo 8.

¡Buenas tardes! ¿Cómo lleváis el día de hoy?

Espero que estéis pasando un martes estupendo, y para terminar de amenizarlo, os traigo el último capítulo de la novela corta “Una aventura de mucha tinta”.

Os dejo el enlace de todas las entregas anteriores por si os habéis perdido alguna. Una aventura de mucha tinta. Capítulo 1 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 2 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 3  Una aventura de mucha tinta. Capítulo 4 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 5 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 6 Una aventura de mucha tinta. Capítulo 7.

¿Estáis listos para descubrir el final? Empieza en 1, 2, 3…

agujatatuaje

Capítulo 8

Se acerca el momento de la despedida y no hago más que pensar en cómo me gustaría que ese momento no llegase jamás.

Este fin de semana está siendo una explosión de sentidos, una experiencia que parece haber sido diseñada para vivir de una forma singular cada uno de los sentidos. Como si hubiese contratado una de esas experiencias que vienen en cajas de regalos y que te ofrecen descubrir un mundo nuevo de sensaciones: un tour gastronómico, un fin de semana romántico y pasional, una actividad relajante en pareja o una actividad excitante para descargar adrenalina. Solo que yo he vivido todas esas experiencias en dos días y al mismo tiempo, lo que ha supuesto una vivencia límite que ha llevado  a cada uno de mis sentidos a su máxima expresión.

Está resultando tan emocionante que no sé si sería capaz de prolongar mucho en el tiempo todas estas sensaciones. Estoy exhausta. Aunque esté disfrutando del mejor fin de semana de toda mi vida, no sé si podría sostener este nivel de éxtasis en todo mi ser. Vivir así debe ser agotador…

En ciertos instantes, el miedo se apodera de mí y quisiera salir corriendo, alejarme de todas estas emociones y volver a mi patética vida y mi aburrida rutina. Sin embargo, en otros, toda la pasión y el placer continuo lleva a mi ser a una descarga eléctrica de emociones adictiva de la que no quiero desprenderme por nada del mundo.

Lo miro, lo toco y lo siento y deseo hacerlo cada día. Dejarme llevar y olvidarme de todas mis responsabilidades, prejuicios e ideas preconcebidas, vivir la pasión que nos envuelve y enredarme en su cuerpo cada noche y cada día, vivir al límite y explorar cada milímetro de mi cuerpo y el suyo. Pero mi angustiada y controladora mente, se empeña en recordarme que quizás esta aventura está resultando tan excitante por la simple razón de tener un final predeterminado y si perdurase en el tiempo, automáticamente perdería toda la fuerza de su vivencia. Entonces me invade la nostalgia y salgo de esa ensoñación que parece imposible en la vida real. Además, tampoco sé qué piensa y desea él. Tal vez está llevando al límite esta aventura porque ya sabe que va a finalizar.

Él, sin embargo, parece estar en plena calma. Su mirada y su presencia reflejan un estado de paz absoluta, como si se encontrase en un sueño o en un mundo paralelo en el que no existen las preocupaciones y del que solo tiene que disfrutar. El dominio que tiene de la situación, me hace pensar que su estado natural es muy similar a éste. Una persona de naturaleza tranquila, que sabe disfrutar de cada momento que le ofrece la vida y que se preocupa solo por lo que realmente es importante. Puede que me equivoque, al fin y al cabo, apenas le conozco pero su mirada sigue siendo tan limpia que dudo esconda alguna mala sorpresa.

No hay vuelta atrás. Es hora de continuar con nuestras vidas.

Llegamos hasta mi coche y nos miramos sabiendo que ha llegado el momento de la temida despedida. Apoyo mi espalda sobre la puerta del conductor y lo miro directamente a los ojos. No quiero irme sin ver por última vez la claridad de sus ojos, esa pureza que tanto me ha conquistado. Él da un paso hacia mí y coloca sus manos en mi cintura. Me observa con una sonrisa pícara y une nuestros labios para darme un beso comedido.

—Sabes que este no tiene por qué ser el final —añade muy cerca aún de mis labios.

—¿Y cuál es entonces? —pregunto esperanzada y al mismo tiempo temerosa.

—El que nosotros queramos —me mira esperando alguna respuesta que le aclare lo que yo quiero pero el nudo que se ha formado en mi garganta me impide pronunciar palabra y lo único que puedo hacer es tragar saliva e intentar que se deshaga, devolviéndome el habla.

Sube sus manos hacia mi cuello, rodeándolo con ellas como si quisiera sujetar mi cabeza y elevar mi rostro para impedir que desvíe la mirada. Acaricia mi mandíbula sutilmente con sus pulgares y fija sus ojos sobre mí, llegando con ellos has el fondo de mi alma. Siento que puede leer lo que se esconde en ella y que sin esfuerzo ninguno, extrae mis sentimientos a la superficie dejándome expuesta a sus encantos. Mi corazón se agita y mi respiración se vuelve irregular, a medida que mi deseo se incrementa de nuevo. Vuelve a besarme, delicadamente, jugando con su lengua en mi interior, saboreándome, como si fuese la primera vez que lo hace. Me deshago bajo sus labios y sus manos, deseando volver a su casa y unirnos de nuevo. Se separa despacio pero mantiene la corta distancia que hay entre ambos, rozando casi, mi labio inferior al mover el suyo mientras habla.

—Este fin de semana ha sido bastante inesperado. No pensaba encontrarme contigo el viernes y mucho menos que te quedaras hasta hoy conmigo. Pero me alegro muchísimo de que te perdieras y bebieras más de la cuenta porque ello te llevó hasta mí. No creo en las casualidades y si ha pasado es por alguna razón.  No pensaba que serías así pero has ido sorprendiéndome a cada segundo… ¿No esperarás que me despida de ti sin más, no?

—Yo… Bueno… No sé… —me cuesta creer lo que estoy oyendo y mi mente se ha bloqueado ante la inesperada declaración— Yo es que no suelo ser así… En realidad no soy la Ana que tú conoces. Soy mucho más aburrida, controladora y por supuesto nada impulsiva. Jamás se me hubiese ocurrido hacer algo como esto, ni me hubiese quedado a pasar el fin de semana con nadie sin estar completamente fuera de mi juicio. Soy mucho más responsable y  nunca cometo locuras… Solo me he dejado llevar porque estaba desesperada y me daba exactamente igual lo que pudiera pasar… pero esto ha sido una excepción… Una maravillosa excepción —quiero dejarle claro que tal vez no vuelva a ver a la Ana que he sido hasta este momento.

—Pero la has disfrutado, ¿no es cierto? Qué más da el motivo. Además, te recuerdo que fuera de tu juicio estuviste únicamente el viernes y justo ese día no tomaste ninguna decisión, ni siquiera la de dejarte llevar. El resto del fin de semana has sido plenamente consciente de todo lo que ha sucedido y tú misma decidiste quedarte conmigo. ¿Cómo estás tan segura de que no volverás a tomar una decisión similar? ¿Crees que vas a poder vivir sin las emociones que has experimentado este fin de semana? Te aseguro que no vas a poder pasar más de una semana sin sentir las vibraciones que han traspasado todo tu cuerpo —hace una pequeña pausa y se acerca hasta mi oído para susurrarme sus siguientes palabras—. Yo no pienso renunciar a ellas y haré lo que sea necesario para que la Ana que has sido conmigo y que tú dices que no existe, se quede definitivamente y elija hacerlo conmigo.

Mis rodillas flaquean y me siento desvanecer. El vello de mi piel se eriza tan solo con el aire que sale de su boca mientras me susurra y un escalofrío recorre mi cuerpo dejándome sin fuerzas y sin aliento. Él, lo advierte y vuelve a sujetarme por la cintura asegurando mi débil estabilidad. Vuelve a girar su mirada nuevamente y la posa sobre mí. Observa mis ojos y espera alguna respuesta pero soy incapaz de pronunciar palabra. Quisiera decirle cuánto he disfrutado este fin de semana y que me ha hecho vivir experiencias desconocidas para mí y otras ya olvidadas. Me gustaría explicarle cómo ha conseguido sanar el vacío que tenía en mi alma, llenándolo de cariño y esperanza. Le diría, si pudiera, que he vivido el mejor fin de semana de mi vida y que ha hecho que descubra zonas de mi cuerpo que estaban dormidas, he llevado al límite mis sentidos y he gozado de los mayores placeres que pueden otorgarte y por último, me encantaría hacerle una declaración tan impactante como la suya y transmitirle mi deseo por ser esa Ana que he sido hasta ahora y seguir disfrutando de su locura e impulsividad junto a él. Pero únicamente puedo expresarme con mi cuerpo y mi mirada. Me he quedado sin habla.

La esperanza ha renacido en mi interior y una pequeña ilusión me hace sentir que tal vez sea posible mantener la actitud de esta nueva Ana. Sonrío en mi interior y mi alma responde sacudiendo mis emociones. Sé que es posible y por primera vez en mi vida, me siento con la energía y el deseo de dejarme llevar por el ritmo de la vida y aprovechar las oportunidades que me brinda. No va a ser fácil pero si él me ayuda, y ya ha dicho que está dispuesto a lo que sea, puedo aprender a fluir y empezar a disfrutar de verdad de esta nueva y maravillosa vida que se avecina.

Respondo con mi cuerpo. Elimino el espacio que nos separa y una vez más nuestros labios se unen. Como si no hubiese un mañana y con la intención de decirle todo lo que siento, vuelco mis emociones en el beso, llenándolo de la misma pasión y esperanza con la que sus palabras, han inundado mi alma.

FIN.

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